El uso de la tecnología en la gestión del patrimonio cultural
Verónica Grondona
Lic. en Economía (UBA), Posgrados en Patrimonio Cultural y Turismo Sostenible (UNESCO/UNTREF/AAMNBA) y Finanzas (UTDT); docente de Economía de la Cultura (UBA); 
www.argentinaparamirar.com.ar
   

La fotografía, la tecnología audiovisual, y la digitalización como herramientas para la gestión.

El patrimonio cultural está constituido por bienes heterogéneos tangibles e intangibles cuyo espacio común es la referencia a la historia o al arte. El termino patrimonio, que designa monumentos, obras y sitios de interés, abarca también al patrimonio industrial e incluso al patrimonio natural que se considera un elemento del patrimonio cultural, ya que la fisonomía de un paisaje remite a una cultura, a saberes y tradiciones que han contribuido a modificar el terreno[1] o a la delimitación del espacio que ha de ser considerado “patrimonio natural”.

El patrimonio material e inmaterial tiene estrechos vínculos con la economía, al grado de ser considerado un importante actor económico. El patrimonio construido actúa como soporte natural de festivales de luces y sonido, de teatro, conciertos, reconstrucciones históricas, exposiciones, seminarios, hotelería, etcétera, y el patrimonio material e inmaterial es también generador de “productos culturales” específicos, clasificados hoy dentro de las “industrias culturales”, como productos audiovisuales, editoriales, musicales, etc.

Por otra parte, el turismo, actividad que registra un imparable crecimiento a nivel mundial en los últimos tiempos, se desarrolla en base al patrimonio en tanto natural, cultural, tangible e intangible, construido, o inmaterial.

La tecnología fotográfica y audiovisual ha sido utilizada como herramienta para el registro de las distintas manifestaciones culturales que hoy se interpretan como patrimonio cultural inmaterial (“PCI”)[2], por parte de antropólogos y etnógrafos, desde hace ya mucho tiempo.

El padre salesiano Alberto María De Agostini entre 1915 y 1930, utilizó un medio audiovisual para presentar la tierra de Tierra del Fuego y algunas costumbres de los pueblos Yámana y los Selk’nam en su film “Patagonia”. De Agostini, como Martín Gusinde, quien realizó estudios y registros fotográficos de estos pueblos; y Anne Champan que registró las voces y los cantos de los últimos Selk’nam, de la misma manera que innumerables otros antropólogos y etnógrafos, lo hicieron con el fin de estudiar, analizar, comprender y registrar las prácticas y los modos de vivir de pueblos que, como el caso de los Selk’nam, fueron diezmados.

Las fotografías, filmaciones y grabaciones permitieron, de la mano de otras investigaciones realizadas, conocer algo de las prácticas culturales, ceremonias, y representaciones de pueblos hoy desaparecidos o transformados.

La importancia de este recurso fotográfico y audiovisual puede entonces ser asimilada a lo que podría significar una foto del Cabildo de Buenos Aires anterior a su remodelación de 1910. O una pintura retratando al Fuerte de Buenos Aires sobre el cual hoy se emplaza la Casa Rosada. Nos permite interpretar los desarrollos culturales, las prácticas artísticas, la historia y tener un registro del paso del tiempo, y de los cambios sufridos por la sociedad.

La selección y clasificación de dicho material en relación con los aspectos o bienes culturales plausibles de ser patrimononializados[3] constituye el inventario y puede tener un rol relevante en la gestión del patrimonio cultural tanto material como inmaterial. Aun cuando debe considerarse, que muchos de los sistemas de inventario no se crearon para la salvaguardia del patrimonio, sino que fueron concebidos por investigadores para atender a sus necesidades particulares y muchas veces en contextos de dominación colonial.[4]

La manera de concebir dicho inventariado ha ido cambiando con el tiempo. Y hoy, hay más conciencia de los derechos a la propia definición cultural, a la imagen que queremos transmitir; y al hecho de que inventariar no significa por sí solo resguardar, ni administrar.

El PCI es, como suele decirse, un patrimonio vivo, y por ello, es transformado en su exposición al turismo. Así una comunidad que practicaba el carnaval desde hace años de una manera, al recibir turistas puede incorporar a los turistas a dicha celebración, y modificarla para que éstos participen, cambiar sus trajes para que sean más vistosos en las fotografías, las danzas para que sean más seductoras en las filmaciones; y hasta incorporar bailarines profesionales para que la presentación tenga menos imprevistos. Con el tiempo, el carnaval puede perder su sentido social, y convertirse en una “representación” del carnaval. Esto no necesariamente es positivo o negativo, pero la gestión del PCI en este caso se inicia con la toma de conciencia sobre esta posible transformación y la decisión respecto de la gestión que se quiere hacer.

Desde un punto de vista económico, puede ocurrir que, de la misma manera que los turistas pueden provocar un daño ecológico en una reserva natural, la mercantilización cultural puede terminar por hacer que los flujos turísticos, y los ingresos económicos, que se recibieron como consecuencia de los atractivos patrimoniales de la comunidad, terminen retrotrayéndose como consecuencia de no haber realizado una adecuada gestión del PCI.

En este sentido, la gestión del PCI requeriría la utilización de la fotografía, el registro audiovisual, las grabaciones en el marco de proyectos  participativos, para que las comunidades trabajen en la identificación y salvaguarda[5] del PCI. La auto-representación permite distinguir entre la posibilidad de representar a una cultura: por ojos endémicos o por ojos extranjeros; y le permite a la propia comunidad mantenga el “control cultural” sobre sus elementos identitarios y bienes culturales. De esta manera, la patrimonialización de la cultura puede ser decidida por la propia sociedad, a partir de la apropiación de la comunidad de sus representaciones culturales. De esta manera, la comunidad puede llegar a apropiarse legalmente de dicho patrimonio, para poder obtener el usufructo económico de su explotación, si así lo quisiera.

Proyectos fotográficos y audiovisuales participativos se han llevado a cabo ya como parte de otras prácticas sociales, educativas, culturales. Los avances técnicos de los medios audiovisuales han abierto las posibilidades a varios pueblos de tomar la cámara en manos propias; en particular a partir de la década de 1980. Ello ha dado como resultado producciones audiovisuales en que la construcción visual surgió de la cultura retratada.[6]

Estas acciones cobran relevancia cuando se considera que el riesgo de patentización con fines particulares de saberes y prácticas colectivas, de las insignias, los conocimientos medicinales o sobre el manejo de la diversidad biológica, en detrimento de las comunidades de origen.[7]

El canal Encuentro, del Ministerio de Educación, hoy difunde material de muy buena calidad referido a aspectos de la cultura que son también representaciones del PCI, aún cuando las mismas hayan o no sido “patrimonializadas”, pero que sirven a la identificación, apropiación y difusión de distintos aspectos culturales. Así, además de constituirse en una demanda efectiva para la industria audiovisual, sirve también para alimentar las posibilidades del turismo cultural.

El patrimonio cultural construido también es hoy re-significado mediante la utilización del mismo como escenario de espectáculos de luz y sonido; como el realizado con la técnica del mapping en ocasión del Bicentenario de la Revolución de Mayo en el Cabildo[8] de Buenos Aires, donde se transmitió un espectáculo de luz y sonido con fragmentos de la historia argentina; o en el Teatro Colón, donde en aquella oportunidad, esta técnica fue utilizada para transmitir a las miles de personas que participaban de los festejos del Bicentenario en la 9 de Julio, lo que ocurría hacia el interior del teatro.

El mapping de video proyecciones se utiliza para transformar una superficie como un monumento arquitectónico o histórico en una pantalla dinámica, mediante un software especializado con el que se logra hacer caber la imagen proyectada en la superficie irregular del edificio. De esta manera, el edificio se convierte en un escenario para la proyección de una filmación completamente adaptada al mismo.

En espacios turísticos, estos espectáculos son hoy utilizados para aprovechar visitas en horarios nocturnos, comunicando la historia y valorizando así edificios que durante el día son recorridos por turistas, pero que de otra manera no serían aprovechados de noche. Este es el caso del espectáculo de luz y sonido que se realiza en la Misión Jesuítica de San Ignacio, en la provincia de Misiones, que le da vida a un sitio patrimonio de la humanidad, que en esencia habían perdido su “sentido vital” tras la expulsión de los jesuitas. Otro ejemplo es el caso del Fuerte Rojo, en Delhi, la India, en el que también el espacio había perdido el “sentido vital” tras las varias ocupaciones que sufrió y la independencia de la India en 1947; y es hoy utilizado por el turismo cultural. En estos casos, el mapping, junto con otras técnicas son utilizados para ilustrar los momentos de la historia de los sitios; quizá de una manera más espectacular que lo que podría ser la visita al centro de interpretación. Y pueden servir como una introducción a la valorización del espacio, y de la historia, que se complementa luego con las visitas a museos o que impulsan a conocer el lugar durante el día.

Por otra parte, algunos establecimientos patrimoniales privados y públicos permiten visitas virtuales; algo que puede servir para acercar los sitios al público en casos en que por razones de distancia o por la fragilidad que revisten ante una carga turística excesiva, resultarían difíciles de acceder. Un ejemplo es el del sitio arqueológico maya de Calakmul en México, al que se puede acceder en persona o mediante una visita 3D[9].

A nivel local, el sitio www.argentinavirtual.educ.ar permite realizar recorridos virtuales guiados por algunos de los sitios patrimoniales del país como la Casa Rosada, el Congreso de la Nación, la Corte Suprema de Justicia, el Museo Histórico Nacional del Cabildo y de la Revolución de Mayo, el Museo Casa Histórica de la Independencia de Tucumán, el Convento e Iglesia de San Francisco y Museo Histórico Provincial Santa Fe, la Manzana Jesuítica de Córdoba, el Museo de Arte Contemporáneo de Rosario, el Museo de Arqueología de Alta Montaña de Salta, el Museo de La Plata, el Museo Nacional de Bellas Artes, y el Museo del Hombre y del Mar de Puerto Madryn. La aplicación permite, además de seguir las flechas para el recorrido virtual, recibir el recorrido guiado con sonido, con explicaciones de cada sala y de cada detalle destacable de la misma.

Otras experiencias locales, son la de Museos de Buenos Aires que permite visitar el Museo Casa Carlos Gardel, el Museo de Arte Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco y la Feria de San Telmo[10]; y la de la Universidad de Buenos Aires que permite realizar recorridos virtuales por sus edificios.

Estas experiencias deben ser pensadas por su importancia para la difusión de espacios, o bien porque su acceso es limitado o por su poder de atracción para las visitas reales; ya que la realidad es que solo casos particulares, como por ejemplo el del Google Art Project, no brindan posibilidades, hoy, para capitalizar los beneficios económicos de tales visitas virtuales.

En una carrera similar hacia la digitalización se encuentran las grandes bibliotecas. Los proyectos de digitalización de libros de las bibliotecas públicas datan de la década de 1970 [Benhamou, 2014]. La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, ha sido de las precursoras en la lengua española, digitalizando desde el año 1999 las obras más destacadas de la tradición literaria española e hispanoamericana, así como cuantos recursos bibliográficos sean convenientes para su mejor conocimiento crítico e histórico.[11]

En Argentina, la Biblioteca Nacional mediante el proyecto Trapalanda desarrollado en la editorial Teseo, especializada en la producción de libros digitales y a demanda[12], pretende la “…puesta en acceso digital de todos sus fondos”; pero también aprovecha las tecnologías digitales para vender digitalmente, en papel o en formato e-book las colecciones que surgen de los proyectos de investigación de puesta en valor de sus fondos patrimoniales que desarrolla la Biblioteca Nacional desde el año 2007.[13] La colección digital incluye un archivo audiovisual, sonoro, documentos fundacionales, folletos, fotografías, manuscritos, materiales gráficos, música impresa y manuscrita, periódicos; entre otros. 

Aunque en algún momento, la digitalización fue pensada como una solución para conservar documentos que se pueden deteriorar, es válido destacar que tiene sus límites. El primero de ellos es la dificultad que representa el mundo digital para la apropiación de los beneficios económicos de la digitalización de estos archivos. Pero también porque, desde el punto de vista de su dimensión patrimonial, el libro no se resume al texto. [Benhamou, 2014]

En todos los casos, sin embargo, no caben dudas de que la digitalización, se convierte en una herramienta extraordinaria de difusión del patrimonio cultural, natural, material e inmaterial.

 

REFERENCIAS

[1] Ver “Economía del patrimonio cultural” de Françoise Benhamou; traducción de Heber Ostroviesky; ed. Ariel; Buenos Aires, 2014.

[2] La Conferencia General de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura(“UNESCO”) en 2003 define por “patrimonio cultural inmaterial”: los usos, representaciones, expresiones, conocimientos y técnicas – junto con los instrumentos, objetos, artefactos y espacios culturales que les son inherentes– que las comunidades, los grupos y en algunos casos los individuos reconozcan como parte integrante de su patrimonio cultural.

[3] La “patrimonialización”, es decir, la selección de aquellos aspectos/ manifestaciones/ bienes de una cultura que son considerados destacables, representativos o que deben ser preservados para generaciones futuras; no deja de ser una decisión política en el marco de en un determinado sistema de ideas.

[4] Ver, Identificar e Inventariar el Patrimonio cultural inmaterial, UNESCO.

[5] Salvaguardar el PCI supone transferir conocimientos, técnicas y significados. La Convención hace hincapié en la transmisión o comunicación del patrimonio de generación en generación, no en la producción de manifestaciones concretas como danzas, canciones, instrumentos musicales o artículos de artesanía. Así pues, toda acción de salvaguardia consistirá, en gran medida, en reforzar las diversas condiciones, materiales o inmateriales, que son necesarias para la evolución e interpretación continuas del patrimonio cultural inmaterial, así como para su transmisión a las generaciones futuras. (Ver, Identificar e Inventariar el Patrimonio cultural inmaterial, UNESCO)

[6] Ver “La Perspectiva de la Auto-representación” de Jeroen van der Zalm, Revista Chilena de Antropología Visual, Nª7, Santiago de Chile, junio 2006.

[7] Ver “Patrimonio cultural. Integración y desarrollo en América Latina” de Gonzalo Castellanos V; Fondo de Cultura Económica; Bogotá, 2010.

[8] Disponible en https://www.youtube.com/watch?v=qMifqDHZ844, link consultado al 24 de enero de 2015.

[9] Ver http://www.inah.gob.mx/paseos/Calakmul/tour.html, link consultado al 29 de enero de 2015.

[10] Ver http://www.museos.buenosaires.gob.ar/dgm_recorridovirtual.htm, link consultado al 29 de enero de 2015.

[12] Ver en http://trapalanda.bn.gov.ar/jspui/handle/123456789/1, link consultado el 24 de enero de 2015.

[13] Ver en http://www.bn.gov.ar/coleccion/investigaciones-de-la-biblioteca-nacional, link consultado el 24 de enero de 2015.