Políticas de Gestión en las Artes Escénicas

PARTICIPAN
Sebastian Blutrach (Presidente, AADET- Asociación Argentina de Empresarios Teatrales y Director Teatro El Picadero); Juan Carlos D’Amico (Secretario del Consejo Provincial de las Artes de la Provincia de Buenos Aires durante la gestión del Gobernador Daniel Scioli); Marcela Reale (Directora, Teatro del Libertador General San Martin en Cordoba) y Mariano Stolkiner (Director Artístico, Teatro El Extranjero)

MODERA
Leandro Iglesias (Docente de la Maestría en Administración de Organizaciones del Sector Cultural y Creativo, UBA)

La interacción entre lo público, lo privado y la autogestión

LEANDRO IGLESIAS: En principio me parece interesante intentar evaluar como se desarrolla la gestión en las artes escénicas. Según ustedes ¿cuáles son las principales dificultades?, ¿Hay conciencia de esas dificultades?, ¿que pasa con la capacitación de los recursos humanos? En síntesis, ¿cómo llevar adelante la gestión de una institución artística y cultural en este sector?

SEBASTIAN BLUTRACH: la gestión privada es algo muy subjetivo por lo cual me parece que no se puede hablar en general, en cambio creo que el Estado, como gestionador de cultura, es el puede plantar las bases y modificar nuestra acción. Nosotros, al gestionar un espacio abrimos el mapa, vemos donde están los puntos más favorables, donde están los lugares que nos gustan, cual es su viabilidad y como hacemos para desarrollarlos. Es una tarea totalmente independiente del Estado porque hoy en día el teatro comercial no recibe ningun tipo de subsidio, entonces nos manejamos de manera totalmente subjetiva según el gusto de cada gestor. Tenemos, si, las exenciones impositivas que vienen de años atrás por la restricción al dominio – es decir que en el lugar donde hay un teatro, solo puede construirse un teatro.  Es una norma que favoreció a las empresas de paredes que perdieron el valor de la propiedad inmueble por esa limitación-, y luego se terminó extendiendo a toda la actividad. Si me preguntás cual es el mejor "subsidio" que puede tener nuestra actividad diría que es esta exención.

Para la gestión privada han sido buenos años de teatro, Argentina es teatrera, la ciudad de Buenos Aires es una de las cinco ciudades mas importantes del mundo en cuanto a producción teatral, tanto en titulos, como en cantidad, calidad y diversidad. Cada productor ha tenido exitos y fracasos porque esta actividad es riesgosa desde el punto de vista empresarial, pero en general somos por idiosincrasia creativos. La cartelera comercial ha sabido como financiarse y tiene calidad, mas allá de alguna caída estacionaria.

LEANDRO IGLESIAS: Mariano, en el teatro que conocemos como independiente ¿ocurre lo mismo o hay otras dificultades?

MARIANO STOLKINER: en principio hay es complejo definir que es teatro independiente porque justamente una de las cosas que fue perdiendo con el tiempo fue su independencia.  Eso fue debido a la necesidad de recurrir al Estado para solucionar cosas que este sector no podía resolver por sí mismo. Cuando surgen los primeros teatros independientes como por ejemplo el Teatro del Pueblo, ellos hacían un teatro cuya estética estaba en oposición al teatro comercial. Después, por cuestiones coyunturales, y también por supuesto por lo que le implicó al teatro independiente atravesar la dictadura, esa profesionalización inicial se transformó en un teatro sin fines de lucro o, por decirlo de alguna manera, en un teatro amateur o vocacional o teatro off entre las muchas maneras que tenemos de llamarlo. Esto en sí mismo define el problema principal, que es como hacer para que el teatro independiente sea autosustentable. Hoy el apoyo estatal es fundamental para que funcione, sin embargo desde mi punto de vista debería ser solamente un complemento o una ayuda más. Me atrevo a decir que actualmente el 80% de las salas de teatro independiente, que son muchísimas, cerrrarían sus puertas si no recibieran subsidios del Estado, por lo cual el grado de dependencia es muy grande.

Entonces, ¿cómo superar la dependencia directa de los subsidios  y poder crecer? ¿Cómo mirar hacia adelante en términos de colectivo teatral, para retomar ese espíritu que tenían los primeros grupos independientes que querían hacer un teatro de nivel profesional? En relación a eso hay que decir que los actores que trabajaban en aquel teatro independiente no podían resolver sus necesidades económicas haciendo teatro. Algunos tenían otros trabajos durante el día y después hacían teatro, pero otros querían dedicar su vida entera al teatro ¿Cuál fue la solución que encontraron para poder vivir de la profesión? Muchos abrieron talleres de teatro y así la actividad empezó a crecer y a difundirse. Se decía "hacer teatro esta de moda" y hubo un momento que realmente fue un boom. Fue un proceso que se fue dando con el tiempo, digamos durante los últimos 40 años, pero que empezó a acelerarse a partir de los ‘90, que fueron un momento bisagra para la actividad. Justamente, a finales de los ‘90 se aprueba la ley nacional de teatro que trajo un cambio muy importante en toda la actividad del teatro independiente.

 



LEANDRO IGLESIAS: ¿se podría decir que el objetivo de quienes trabajan en el sector llamado independiente es tratar de vivir del teatro realizando distintas actividades vinculadas a él, pero tratando a la vez de mantener cierta independencia del Estado?

MARIANO STOLKINER: quizá, pero el problema hoy es el gran crecimiento de la oferta.  Ayer nos decían en una reunión que en este año hubo 1.900 estrenos en el circuito independiente, a los que fueron aproximadamente 500.000 espectadores. Sabemos también que la gran mayoría de títulos no supera las 8 o 10 funciones. Sacando una cuenta rápida nos da que no superamos la cantidad de 15 espectadores promedio por función en la gran mayoría de títulos. De manera que estamos teniendo un problema grande para pensar como profesionalizar la actividad.

SEBASTIAN BLUTRACH: yo creo que la cuestión se relaciona directamente con la política cultural del Estado. La política que han tomado ProTeatro y el Instituto Nacional de Teatro para el teatro independiente es darle un poquito a cada uno, como para no generar protestas de ninguno. Y lo que sucede entonces es que, por ejemplo, los egresados del IUNA estrenan inmediatamente o sin haberse recibido y hacen una función un jueves a las 11.30 de la noche, para lo cual reciben subsidios públicos que al final producen funciones con 15 espectadores. Si hubiera una gestión no tan dependiente del Estado se generaría una especie de filtro natural en base a la calidad.

MARIANO STOLKINER: cuando vos hablas del IUNA estás en el mejor de los casos, porque son chicos que se han formado durante 5 años en una universidad pública. Hay gente que va una o dos veces por semana a hacer un taller, y en 2 años ya está haciendo una obra que también recibe subsidio del Estado. Esto, a la vez, también es impulsado por los docentes y no es siempre criticable, porque da bienestar a los intérpretes, genera identidad, lo que también es parte de ese negocio. Hay una enorme cantidad de docentes que dan clases y también grandes escuelas de teatro.

SEBASTIAN BLUTRACH: tampoco quiere decir que no pueda aparecer algo de excelente calidad entre todo eso. En la cantidad siempre algo sale.

MARIANO STOLKINER: eso siempre es una posibilidad. Lo que pasa es que si se piensa en términos de trayectoria y de formación hoy el aporte público está un poco desnivelado: recibe lo mismo aquel que tiene una trayectoria o gente que viene trabajando hace tiempo con un mismo grupo, que uno que solamente tiene dos años de un taller de teatro.

Al que tiene dos años de taller le dan un poco y para él es mucho. Y al que tiene una trayectoria importante le dan un poco más, pero para él no es nada. Habría que ver entonces si aquella ley que en algún momento se aprobó no quedó desfasada en el tiempo, y hoy quizá contribuye a empobrecer la calidad. Mantenerla así como está define hoy que la cantidad es un valor de mayor importancia que la calidad. Ojo que al mismo tiempo tenemos un nivel muy alto en muchos espectáculos, pero si uno piensa en 1900 estrenos anuales la cantidad porcentual en términos de calidad es muy baja.

LEANDRO IGLESIAS: Marcela, cuando hablamos de gestión en las organizaciones del sector público ¿qué sucede ahí?

MARCELA REALE: yo siempre trabajé en el sector público. Soy música, y fui directora cultural en Embalse, un pueblo muy chico del interior de Córdoba, y después trabajé 4 años más para la Provincia en el desarrollo de políticas. Hace 12 años que soy directora del teatro San Martin de la ciudad de Córdoba que depende del gobierno de la provincia. Es un teatro fundamentalmente de ópera, donde tengo otro tipo de problemática. Es uno de los pocos teatros de producción propia que quedan en el pais y el más antiguo, en 2016 cumple 125 años. Todo lo que se utiliza en el teatro -vestuarios, escenografia, utileria, etc.- es producido por el propio teatro. Tenemos cuerpos estables de orquesta, coros, ballet, orquesta de tango, seminario de danzas, de canto y una orquesta juvenil. La sala tiene una capacidad de 1300 butacas, y el edificio es patrimonio histórico nacional, lo cual trae una serie de exigencias a la gestión.

Para ir a tu pregunta, pienso que la gestión cultural no esta separada de la política. Todos los que hacemos gestión cultural pública tenemos una posicion política y necesitamos definiciones que, de alguna manera, van a condicionar nuestra gestión. Digo esto a modo de introducción, para que se entienda desde donde hablo.

Desde la acción concreta, una de las cosas más importantes que planteo es que la parte técnica todavia está muy atrasada. Por ejemplo, seguimos teniendo sistemas de telones manuales; la luminaria es antigua y para otras varias cosas que hay que cambiar se requiere una fuerte inversión y además la capacitación del personal que va a usar ese equipamiento. En Córdoba recién ahora se estan creando tecnicaturas teatrales -lo cual es muy bueno para nosotros porque no hay formación de técnicos teatrales en todo el interior- así que todo el tiempo recibimos llamados y los asesoramos desde aquí, les mandamos técnicos o colaboramos con ellos en lo que podemos.  Es una política del teatro, no tenemos fines de lucro, sino un fin social: democratizar la cultura y difundir valores. Entonces formación, capacitación presupuesto e inversión son nuestros problemas prioritarios. Aunque hemos hecho mucho y se ha avanzado mucho, tenemos claro que aún nos falta mucho en todos estos aspectos.

En cuanto al rol del Estado, pienso que consiste en favorecer la oferta buscando calidad y profesionalización, y por otro lado, debe favorecer la promoción entendida como la capacidad de generar proyectos que involucren a la sociedad desde distintos aspectos creativos: desde una perspectiva más amateur o más educativa, por ejemplo. Es posible y está muy bien que se hagan las dos cosas, difusión y promoción, pero tiene que quedar claro que son cosas distintas. En definitiva, cada gestión elije y decide que es lo que quiere mostrar y que quiere hacer, con las limitaciones que dije, es un compromiso y una postura personal de cada gestor cultural.

SEBASTIAN BLUTRACH: en la misma línea, pienso que desde la dictadura militar, y desde la instalación del neoliberalismo hacia el presente, todos los espacios culturales que debían cumplir la función de generar una política cultural se han ido degradando por falta de presupuesto, y hoy en día la gran mayoría de esos espacios –con la excepción de la inauguración del Centro Cultural Nestor Kirchner que rompe ese paradigma- son edificios que necesitan de equipamiento y mantenimiento. Hay un deterioro tan grande en algunos edificios públicos del sector, que la gestión cultural termina limitada al mantenimiento de la infraestructura y no puede llevar adelante una política activa. Y ese deterioro es en el fondo ideológico.

LEANDRO IGLESIAS: Le pregunto a Juan, ¿por que resulta tan dificil fijar políticas para tratar de definir y atender estas dificultades? ¿Qué es lo que pasa con los espacios culturales del Estado?

JUAN CARLOS D´AMICO: comienzo por reconocer que criticar es fácil, pero tengo que decir que mi visión es muy crítica.  Hay un tema, que para mí es central, y es el rol que ocupa la cultura en el Estado y en la sociedad. Para empezar, no hay ningún político que nos diga que la cultura es lo más importante que tiene un país.

Voy a ejemplificar este concepto en la realidad: hace un año que venimos trabajando en un compromiso que el gobernador[1] tomó con la gente de la cultura. Estuvimos escuchando a todos y luego, cuando presentamos ese documento en un acto, quedó ahí, no pasó de ahí ¿alguno de ustedes vio a un funcionario o candidato hablar sobre la cultura? ¿que rol ocupó la cultura en esta campaña? Los políticos, los medios y la gente hablan de todo, pero nada se habla del rol que ocupa o debe ocupar la cultura. Esto demuestra que, en la realidad no hay política cultural.

Si creo que hubo una gran explosión cultural en los ultimos años y que hay un gran dinamismo. Pero no hay un orden. Por ejemplo, recién se mencionó al Centro Cultural Kirchner, que nadie va a discutir su existencia, pero cuando uno ve el presupuesto que necesita para funcionar dice “pero cuidado, ¿cuanto es el presupuesto? Si el presupuesto total para cultura es, grosso modo, de 3 mil millones de pesos, 2.200 van para el C.C. Kirchner, ¿donde está la decisión de la política cultural, si ese es un presupuesto del Ministerio de Planificación Federal?  Se creó un ministerio paralelo.

Nosotros en la provincia de Buenos Aires hicimos un museo importantísimo al que va mucha gente, pero al mismo tiempo tenemos al Teatro Argentino en La Plata que se esta cayendo. Es muy difícil explicar esta situación. Lo peor que le puede pasar a una política sectorial es que aparezcan leyes sin política, que es a mi juicio lo que le pasa al sector de la cultura. A la economía no le pasa, se hace un plan económico y se aplica una política económica, ya sea buena, mala o regular, y recién después como consecuencia viene la bateria de leyes. En cambio, ¿cual es el concepto que hay detrás de la ley de teatro? Aclaremos que no es una ley nacional de teatro, sino que es la ley del teatro independiente. Si fuera una ley nacional de teatro debería contemplar todo. Por más que el teatro comercial sea independiente o tenga un subsidio, tiene que formar parte de la política teatral.

En una poblacion de 40 millones de personas, tomando toda la actividad cultural, igual vemos que se llega a muy poca gente, no hay cultura para todos como se suele decir. Necesitamos una política cultural que piense en la gente, que se haga para que llegue a todos, y en particular a los públicos a los que hoy no llega. El Estado tiene que ser un intermediario entre los artistas, los productores, entre toda la gente de la cultura y el público. Acá hay ausencia del Estado. Pero no quiero quedarme en la crítica nada más, y pensando en las artes escénicas, creo que tenemos que hacer una gran unión entre todos los que integran el quehacer teatral para decidir que política queremos a llevar a cabo de modo tal que la función del Estado sea ver que eso que se decide le llegue a la gente.

Regreso a algo que mencionaste anteriormente: la ley que establece que donde hubo un teatro debe construirse otro igual, en su reglamentacion no menciona plazos, por lo tanto cuando tiraban abajo el teatro, el terreno se usaba como estacionamiento por tiempo indefinido. Tenemos que aggiornar las leyes para que faciliten políticas para el momento que vivimos hoy. En definitiva volvemos a lo mismo, las leyes sin política perjudican la acción cultural.

SEBASTIAN BLUTRACH: existía también la trampa de construir un auditorio berreta y con butacas espantosas en donde antes habia un teatro maravilloso, solamente para cumplir con la ley.

MARIANO STOLKINER: me interesa esto de llegarle a la gente, el asunto es como hacerlo. Por ejemplo, se crea el Centro Cultural Kirchner y uno dice ¡que bueno!  Es un espacio hermosísimo, pero ¿hacía falta ponerlo tan cerca de la Avenida Corrientes donde estan todos los teatros comerciales? Porque hay actividades gratuitas que afectan directamente al resto. Se estrena un buen espectáculo allí y son dos semanas en las que a nuestro teatro no viene nadie, ¿no hubiera sido más lógico poner un espacio como ese en La Matanza, por dar un ejemplo, si realmente lo que se quiere es llegar a la gente que tiene menos accesibilidad?

MARCELA REALE: todos somos ciudadanos por lo tanto todos tenemos derecho a ir a cualquier teatro. Muchos años atrás nosotros decíamos "no queremos ser un teatro de la calle Corrientes" porque en la epoca de la dictadura y en los 90´ el teatro de la calle Corrientes estaba catalogado como algo berreta, de baja calidad. Se que ha mejorado enormemente, pero el Estado  debe apuntar justamente a mejorar la calidad. Si hay un teatro comercial de baja calidad, el Estado debe apuntalar al teatro de calidad, o si hay politicas excluyentes para algunos sectores, el Estado debe apuntar a la inclusión.

MARIANO STOLKINER: por eso decía que a veces chocan ambos sectores por errores de planificación. Por ejemplo, en septiembre que es temporada alta teatral está el Festival Internacional de Buenos Aires, que obviamente le quita público a los demas teatros. Entonces, si realmente se quiere llegar a la  gente y a nuevos públicos, ¿no seria lógico hacer el festival en febrero o diciembre? Eso es planificación. Entonces yo me pregunto, ¿se piensan estas cosas o al menos se conversan?

MARCELA REALE: pasa exactamente lo mismo en Córdoba dentro del ámbito público, la agencia de Cultura tiene una gran cantidad de actividades y nos superponemos entre nosotros mismos. Por ejemplo el teatro San Martin y el teatro Real que dependen del mismo Estado, competimos entre nosotros. Hay una gran cantidad de ofertas y se ha avanzado muchisimo, hay una mayor decisión política para apuntalar la cuestión cultural, una mayor dedicación presupuestaria en todos los ámbitos pero, como bien decían ustedes, falta planificación y organización en las políticas culturales.

SEBASTIAN BLUTRACH: siguiendo un poco con lo que decía Juan Carlos en relación a las leyes y los actos, la política cultural no es inocente, pero debe escuchar a todos y tomar decisiones, que no siempre son amables con todos, pero hay que tener la valentía de tomarlas. Para mí, y coincido en esto con Juan Carlos, en Argentina hace muchos años que no hay política cultural, y de hecho no sé si alguna vez la hubo.

MARCELA REALE: siempre hay una política cultural, inclusive cuando dicen que no hay política, siempre hay una política. Te puede gustar o no, pero siempre hay.

SEBASTIAN BLUTRACH: de acuerdo, pero me refiero al rol activo del Estado. Hay un montón de cosas que podemos poner en discusión y analizar para modificar lo que está sucediendo. Esa es la primer decisión en política cultural: ver qué tengo y qué puedo modificar o hacer, y en donde quiero hacerlo.

Por ejemplo, cuesta mucho mover el teatro en Argentina porque es un territorio muy grande, todo  queda lejos, entonces, ¿cómo hacemos los privados para llegar a todo el pais con obras?, ¿que se puede hacer entre lo privado y lo público? Bueno, si la política cultural ayuda a equipar los teatros municipales y subsidia el transporte de las compañias privadas, las personas que viven allá, ademas de ver las obras que le llegan en el excelente pero insuficiente plan federal del Cervantes, quizá también quiera y pueda ver alguna otra obra de producción privada.

JUAN CARLOS D´AMICO: Una aclaración importante: creo que lo mejor que le paso a la cultura es la aparición del gestor cultural. Aunque faltan perfeccionar cosas es un gran avance porque empezó a profesionalizar las áreas de cultura, inclusive a nivel municipal.

Quiero disentir  con vos Marcela, en el sentido de que a la "no política" se le dice política. Cuando uno dice que no hay política cultural, es el concepto que se tiene de la política cultural. Decir que siempre hay política, cuando ésta no existe, es darle un espacio muy importante a la ausencia. Entendemos por politica cultural la planificación, la búsqueda de nuevos públicos, la definición del rol de Estado, entre otros puntos importantes.

MARCELA REALE: Disiento, porque por ejemplo, la dictadura tenia una decisión político-cultural, y en los ‘90 había otra definición de la política cultural.

JUAN CARLOS D´AMICO: No, te aseguro que no. No había una definición.

MARCELA REALE: Claro que había.

JUAN CARLOS DAMICO: No, el no hacer nada no puede llamarse política cultural. Si yo al mercado le dejo hacer lo que quiera, no puedo decir que eso es una política económica.

MARCELA REALE: Estados Unidos tiene esa política: el sector privado define que es lo que quiere hacer...

JUAN CARLOS D´AMICO: Es una decisión, pero yo no puedo darle el rol de política cultural al no darle importancia o a la falta de planificación. El 80 por ciento de las leyes salieron en la epoca de los ’90 al no haber políticas. Las leyes reemplazaron a la política y eso no es bueno, la ley debe ser una herramienta de la política. Por ejemplo, se hace el centro cultural Kirchner y luego se preguntan que hacer con el edificio.

 

 

LEANDRO IGLESIAS: Me dejan introducir un tema que se deriva de esto: la industria cultural en relación a las artes escénicas.

MARIANO STOLKINER: a nosotros nos estan metiendo dentro del sector de las industrias culturales y de los mercados, y la verdad es que es algo a lo cual nos cuesta adaptarnos y pensarnos de esa manera, pero que existe. Porque existen la industria cultural y los mercados es que la planificación es muy importante, tanto como la relación entre el estado y lo privado. Por ejemplo, hay maneras de dar gratuidad sin afectar necesariamente al sector privado, pero hay que planificarlo bien. Una fórmula posible es subsidiar al público, usar el presupuesto para subsidiar entradas a los teatros. En Uruguay hay una tarjeta con la cual el espectador va al teatro, presenta esa tarjeta y sólo paga el 30 por ciento del valor de la entrada, el 70 por ciento restante se lo paga el Estado. Así se llenan los teatros sin afectar al sector privado.

LEANDRO IGLESIAS: quiero aclarar porqué introduzco este tema: por un lado decimos que la cultura en general y las artes escénicas en particular alcanzan sólo a un bajo porcentaje de la población, lo que significa en términos de mercado que no hay una demanda contenida o potencial. Pero por otro lado hablamos de la necesidad de hacer crecer la actividad económica de nuestro sector. Entonces, ¿puede haber una actividad económica si no hay mercado? Además hablamos de democratizar la cultura, es decir que la gente tiene que venir gratis, y en ese caso ya no hay mercado ¿como se conjuga todo esto?

SEBASTIAN BLUTRACH: La gratuidad produce inclusión pero no da sostenimiento de público. Con la gratuidad estás reparando un daño historico pero en algún momento, paulatinamente, eso tiene que detenerse. En Buenos Aires conviven perfectamente dos valores de entrada que no se superponen. Por un lado el San Martin y el Cervantes a precios muy inferiores al teatro comercial, que hacen funciones con artistas que pueden estar tanto en el teatro comercial como en el público, y esa situación no le quita audiencia a ninguno de los dos. Hoy en día, cuando hacemos un análisis de la venta se ve que hay una baja en los ultimos tres años. Pero no es público que se perdió, sino que se fue al teatro independiente.

MARIANO STOLKINER: Sebastián, pero si está en el teatro independiente, estás hablando de una cantidad de público mucho menor que el que va al teatro comercial. El teatro independiente usa salas que no superan las 70 u 80 localidades, y presenta obras que se hacen solamente una o dos veces a la semana.

SEBASTIAN BLUTRACH: si, no digo que haya un reemplazo económico, sino que el mismo espectador que ayer circulaba solamente por la calle Corrientes hoy se va a Tigre, al Abasto o a Boedo, y sigue buscando, y hasta le parece moderno, transgresor, y no le molesta estar incómodo en una butaca de plástico, sino que es una opción de salida más. No lo mide en su capacidad económica, lo mide en su tiempo de ocio. Está comprobado que público que antes no tocaba el teatro independiente y se manejaba sólo en el teatro comercial, hoy en día se mueve por los tres circuitos.

MARIANO STOLKINER: de todas maneras el teatro independiente sigue teniendo un público que le es fiel, y es muy difícil para el teatro independiente romper esa barrera y conseguir un público nuevo. Por ejemplo, a nosotros nos ha pasado tener obras programadas que las han venido  a ver figuras públicas muy importantes, como Marcelo Tinelli o Mirtha Legrand, que en la semana que vinieron han recomendado esas obras en su programa, o en twitter, y al contrario de todas las expectativas por tener semejante publicidad, nos encontramos con que no vino más gente. No sabemos porqué. Menos cuando después una pequeña nota hecha en Pagina 12 te llena la sala.

MARCELA REALE: Volviendo a la pregunta, a mí me hace un poco de ruido la expresión “industria cultural” porque encuentro ahí dos aspectos que se contraponen, que son el valor simbólico y el valor económico. Pasa igual que con la política y en la economía, quiero decir, ¿que ponemos primero, la política o la economía? Yo creo que en estos últimos años se ha definido que lo que va arriba es la política. En cambio en las industrias culturales todavia no tenemos en claro que va primero y creo que hay que tomar una decisión, al menos para nuestro sector. Mucho de lo que se escribe al respecto, quizá por una cuestion de moda, enfatiza el valor económico de la cultura. Y es un error, tal vez inconsciente, pensar que el valor económico genera valor simbólico cuando es totalmente lo contrario, es el valor simbólico que permite luego generar un valor económico.

MARIANO STOLKINER: en ese sentido, el problema nuestro es encontrar donde está el valor de lo que se hace en nuestras salas. Con 2.000 estrenos anuales se empieza a disgregar o a perder un poco el valor sustancial histórico que tiene el teatro independiente que es un valor simbólico, no sólo para nosotros, sino también para el exterior porque el teatro independiente ha sido y es un embajador cultural argentino.

Tenemos la posibilidad de tener un teatro de calidad que podemos llevar a otras partes del mundo y mostrar lo que somos en materia cultural. Por eso, cuando uno habla de industrias o de mercados hay que ver a que se refiere ¿Que es lo que se quiere medir? ¿el valor cualitativo o cuantitativo? Es decir, si uno se pone a ver la cantidad de gente que puede ir a ver una pelicula del cine independiente, ¿con que se encuentra? o sea ¿alcanza la cantidad de gente para entrar en un mercado o en una industria? La respuesta es que en la gran mayoría de casos no. Pero cuando uno ve que esa película ha viajado por todo el mundo, se ha presentado en festivales y ha ganado premios, ahí se ve que lo que se esta llevando es un valor cultural argentino alrededor del mundo. Por eso tiene sentido que el Estado ponga foco y haga una buena planificación de las políticas culturales.

SEBASTIAN BLUTRACH: de acuerdo, igualmente lo mejor que nos puede pasar es estar dentro de la industria, porque así vamos a tener muchas más posibilidades que estando solamente dentro de la cultura.

JUAN CARLOS D´AMICO: más allá de definiciones teóricas, si la cultura necesita aporte del Estado ¿como convencer al Ministro de Economía para que lo de? Si le vas a decir que la cultura es algo espiritual no te va a dar un peso. Le tenés que demostrar que aparte del valor que le damos nosotros, también tiene o puede tener un valor económico.

Volviendo a la cuestión de los nuevos públicos, no creo que sea posible generarlos a partir de la gratuidad. La gente no va a ver un espectáculo porque sea gratis sino porque es bueno, y porque está preparada para verlo. Quiero decir que si yo regalo miles de libros a gente que no está preparada para leer, seguramente esos libros no van a ser leídos.

Hay que empezar por definir el rol del Estado y, recién entonces, ver como se invierten los fondos para que lo que se haga llegue a la gente.  A mi me gustaría hacer un estudio sobre el Teatro Cervantes, el Teatro Colón y el Centro Kirchner para saber cuanto nos sale cada espectador. A partir de ahí podemos discutir políticamente. Obviamente no digo que hay que cerrar esas instituciones, pero si se llevan una parte muy grande del presupuesto y vos ves que la gente que va no es lo que uno esperaba que fuera en comparación con el presupuesto que se le destinaba, al menos hay que repensar como hay que proceder, y no hacer cosas sólo porque históricamente se hicieron. Seguramente habría mucha resistencia para replantear cosas, pero hay que romper con la inercia y pensar mejor hacia el futuro.

MARCELA REALE: el mes pasado hicimos "La Flauta Mágica" con una visión moderna, innovadora, con incorporación de multimedia y fue algo fantástico. No quedaron localidades. Había muchos jóvenes. Al teatro San Martín no hay que ir de vestido largo o de frac, se puede ir de remera y de zapatillas, porque, efectivamente, hay que romper con esta mirada del teatro sólo para una elite. Estoy de acuerdo en que hay que rever y repensar, incluso lo están haciendo sectores del teatro privado y del teatro independiente.  Yo me quiero insertar en el mercado, si, pero ¿a que costo? No voy a sacrificar calidad.

JUAN CARLOS D´AMICO: tenemos que ir con cuidado cuando definimos que es calidad y que no. Decidir desde el lado del Estado si algo es de buena calidad es un poco arbitrario.

MARIANO STOLKINER: quizá no se pueda definir arbitrariamente la calidad pero sí se puede estudiar la trayectoria, y en base a la trayectoria el artista genera una calidad.

SEBASTIAN BLUTRACH: el político de turno, junto con el gestor, tienen que tomar partido y adoptar una definición de lo que entienden por calidad, aún sabiendo que esa decisión dejará gente descontenta. Eso es la valentía de hacer una política cultural.

JUAN CARLOS D´AMICO: respeto tu opinión pero no estoy de acuerdo. Como político tengo que escuchar a todos y trabajar para todos, no puedo tomar partido sólo por algunos. Si soy el ministro de cultura, soy el ministro de todos. Yo me inclino más por la seriedad que por la calidad, es decir, los proyectos tienen que ser serios, porque puede haber obras populares que atraen a la gente más allá de la calidad que tengan.

MARCELA REALE: entonces definamos también lo que es popular. Ir a ver un partido de fútbol o ir a bailar cuarteto en Córdoba es mucho mas caro que ir al teatro o a otros espectáculos culturales. Entonces, ¿que es popular?

SEBASTIAN BLUTRACH: el teatro comercial está alejado de esas cuestiones porque desde el punto de vista económico el valor de nuestra entrada es totalmente genuino. Si a mi función no viene la cantidad de gente suficiente, yo tengo que cerrar. Entonces con nosotros la discusión de la calidad pasa por la decisión de seguir o de darle una línea editorial a mi teatro.  Es lograr un equilibrio entre vender entradas y a la vez no traicionarme. Si yo quiero hacer teatro, quiero hacer algo que me represente, que me identifique y que hable de lo que yo pienso, y eso tengo que conjugarlo con la venta de la mayor cantidad de entradas posible para tratar de vivir lo mejor que pueda de esta actividad.

JUAN CARLOS D´AMICO: en el teatro privado puede ser, pero si yo como funcionario me pongo a determinar que es la calidad para mí, cada vez que cambie el ministro van a cambiar también esos parámetros, porque es muy probable que el gusto de ese ministro no tenga nada que ver con el mio.

MARIANO STOLKINER: El problema es asociar la calidad al gusto o a ciertos modelos estéticos o formas de hacer las cosas. La calidad debería estar determinada por los valores que el espectáculo representa. Hoy en día, sin ir más lejos, en determinados ámbitos públicos se subsidia a un teatro que lleva ciertos valores y sigue cierta estética, y no se les da lugar a otros teatros distintos. Comparto con Sebastián que se puede determinar la calidad, pero basado en valores que son tangibles: experiencia, recorrido, trayectoria, grupalidad, reconocimiento del medio.

MARCELA REALE: también tiene que ver con el perfil y la misión que tiene la institución, ya sea publica o privada.

LEANDRO IGLESIAS: ¿significa que determinadas estéticas o lo popular no es de calidad?

MARIANO TOLKINER: No, no. Algo puede ser popular y de calidad a la vez.

JUAN CARLOS D´AMICO: coincido con Marcela sobre mantener una cierta estética en el teatro lírico, mi duda es que si mantener eso se lleva una gran parte del presupuesto, voy a terminar haciendo cultura para pocos.

MARCELA REALE: entonces dejen de gastar plata en campañas políticas y pónganla en cultura.

SEBASTIAN BLUTRACH: hay algo que no quiero dejar de mencionar, que se toma como un tabú, y es que hay que aprovechar la sinergia entre lo público y lo privado. Hagamos coproducciones entre el Estado y los privados, nosotros desde el espacio privado o desde el independiente vamos a generar contenidos, les podemos llevar proyectos. Necesitamos un Estado vivo y no un estado bobo que subvencione al amigo para que se lleve la plata. La cultura estuvo presente en la Argentina gracias al emprendimiento de los privados. Le hemos salvado las papas a este país durante muchos años en cuanto a la calidad cultural que estaba desierta desde el Estado. Por otra parte, el Estado tiene que hacerse cargo de esas grandes estructuras porque el privado no lo va a hacer nunca. El teatro lírico, la ópera, tienen que estar porque enriquecen a todo el sector cultural.

 

 

MARCELA REALE: para cerrar mi participación, quiero decir que la problemática de las políticas para este sector no pasa por el Centro Kirchner o el Teatro Argentino. Esos no son los principales problemas. Yo pienso que el desafío que viene es ordenar. No construir más, sino ordenar. Sino cada uno que viene dice "voy a construir un teatro nuevo", y no es cuestión de hacer más salas o crear más grupos, sino de tomarnos un minuto para pensar y hacer una política con lo que tenemos, que es mucho. Hemos avanzado muchísimo, y creo que la oferta cultural hoy es muy grande. Yo puedo no compartir políticamente muchas cosas pero hay que reconocer que en todos estos años hay un gran crecimiento, hay creación, producción y espacios nuevos e infraestructura nueva.  Ahora hay que organizar, ese es el desafío para la próxima gestión.

JUAN CARLOS D´AMICO: Coincido. En estos últimos años hubo una explosión cultural y ahora hay mucha oferta. Para mí el desafío ahora es mirar la demanda. Cuando hablo de la demanda no hablo del 20% de la población al que llegamos y que ocupa todo, sino al 80% por ciento restante que no recibe nada de toda esa explosión. Por eso insisto en la formación de públicos.

LEANDRO IGLESIAS: hemos conversado sobre muchos temas a lo largo de la charla, y escuché muchas más coincidencias que diferencias aunque también las hubo. Es notable el grado de acuerdo que aparece cuando nos sentamos a conversar y surgen propuestas, y lo que sucede luego cuando no se instrumentan y nos preguntamos ¿por qué?. Los dejo con este interrogante y nos despedimos, agradeciéndoles profundamente los aportes que han realizado a lo largo de esta charla.


[1] Se refiere al ex gobernador de la provincia de Buenos Aires Daniel Scioli.