Políticas de Gestión para las Artes Visuales y el Patrimonio

PARTICIPAN
Américo Castilla (Director de TYPA y recientemente nombrado Director Nacional de Patrimonio); Julia Converti (Director Ejecutiva, ARTEBA); Ana María Batistozzi (Directora de la Orientación Prácticas de Gestión en Arte en la Universidad de Palermo); Magdalena Ayerra (Coordinadora del Distrito de las Artes del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires) y Juan Manuel Beati (Presidente del Consejo de Promoción Cultural del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires).

MODERADORA
Laura Mendoza
 (Docente de la Maestría de Administración de Organización del Sector Cultural y Creativo, UBA)

Dilemas contemporáneos para la producción, exhibición y distribución

LAURA MENDOZA: en primer lugar les quiero agradecer el tiempo y la disponibilidad para participar en esta mesa. Todos ustedes son profesionales que marcan tendencia y contribuyen al desarrollo de las artes visuales en nuestro país, así que es una satisfacción tenerlos aquí. Nos parece importante incluir en este número de la revista digital ACC/Administración Cultura Creatividad, dedicado a las políticas culturales sectoriales sus aportes sobre las artes visuales. Es una oportunidad para hablar sobre temas que nos interesan a todos los profesionales del sector, y también, por supuesto, a los alumnos de la Maestría en administración de organizaciones del sector cultural y creativo. Para abrir la charla, ¿podríamos definir qué es hacer política para este sector en el contexto actual?

AMÉRICO CASTILLA: dicto un seminario de doctorado en la Universidad de La Plata que se llama "Política y cultura, una pareja desavenida". Lo titulo así porque por un lado los artistas tienden a tener resistencias hacia la expresión “política cultural” y a todo lo que signifique determinar lo que ellos intentan hacer. Por otro lado, en el ámbito de la política hay desconocimiento y desconfianza hacia los artistas y hacia los contenidos que ellos desarrollan, porque vistos desde la política parecen paparruchadas al lado de los grandes problemas que tiene el país. En definitiva hay una desconfianza mutua. Esta pareja desavenida debe, sin embargo, coexistir. Yo diría que recién en los años 60 empezó a hablarse en términos más profesionales de política cultural, y básicamente desde dos registros: el registro estético y el registro antropológico.

El registro estético está determinado sobre todo por el gusto, que ha sido la manera que desde el siglo XIX ha empezado a señalar los parámetros de lo que una sociedad civilizada entiende por gusto, y como de alguna manera esta advertencia disciplina al resto de sus contemporáneos hacia ciertas ideas sobre el gusto.

El registro antropológico, por su parte, no tiene tanto que ver con esas diferencias que establece el gusto, sino más bien sobre la manera en que se organiza una comunidad para hacer de ese conjunto de valores simbólicos una atribución que interprete esa sociedad, y que en muchos casos es suficientemente rica como para ser exportada y compartida con otras. Puede ser considerado como un conjunto que confiere a los ciudadanos atributos tales como identidad y pertenencia. Y las instituciones, sean éstas más flojas o más rígidas, son las que median entre el registro estético y el registro antropológico.

La política consiste en ver de qué manera establecemos equilibrios. Si bien hay cuotas de poder que pueden ser muy injustas, hay que tener conciencia de que lo son para poder accionar, para saber hacia dónde estamos apuntando. Si estamos apuntando a los formadores de opinión y a los artistas, o si estamos trabajando en la base para difundir de una manera más amplia y así darle igualdad de oportunidades a todo el mundo. Por otra parte, antes se pensaba que solo el Estado hacía política cultural y en realidad la política la hacemos todos. Por lo tanto el Estado, los particulares, las ONGs, los artistas mismos mediante la autogestión, todos aportamos elementos a la política cultural, en la medida que tomamos conciencia de que somos actores, no solo artistas en algunos casos. Así me parece que la política se enriquece.

JULIA CONVERTI: en la Argentina hay una característica medular de la escena que es la autogestión. Me parece que tenemos mucho debido a la autogestión, quizá por haber tenido históricamente importantes carencias de otro tipo. No hay limitaciones, los artistas se autogestionan, hay muchos proyectos de autogestión que han hecho escena de manera clave, generando muchas oportunidades, y creo que por ese motivo tenemos en el sector un poder de gestión muy alto.

ANA MARIA BATISTOZZI: estos primeros puntos son interesantes porque resumen como ha cambiado la consideración del medio en general, y cuál es la relación del Estado con el sector. Hace unos veinte años el Estado parecía el mayor responsable, el único tutor de todas las iniciativas culturales en este país. Así, los museos tenían problemas de infraestructura y de gestión. Desde entonces muchos dejaron de ser instituciones vetustas ancladas en el siglo XIX y se renovaron. Además apareció la iniciativa privada como la Fundación Proa o el Museo MALBA, junto a una cantidad importante de museos privados. También, ha habido una actualización de la infraestructura cultural, sobre todo en la última década, en el interior del país: el Museo Franklin Rawson, el Bicentenario en Santiago del Estero, el Museo de Salta, el MACRO, el Museo Nacional de Neuquén que fue uno de los primeros, y así siguiendo. En resumen creo que hay un crecimiento institucional muy fuerte y desarrollado a nivel federal. Por otra parte está la pequeña escala, que es la del artista que no se resigna a que el Estado o la institución privada de grandes dimensiones vengan a convocarlo. Eso es muy positivo porque el artista ya no está más en la situación de la queja, y también es muy importante porque hay un reclamo para profesionalizar aquellas prácticas que van surgiendo de manera espontánea.

LAURA MENDOZA: ¿Magdalena, cómo se ven estas cuestiones desde el Distrito de las Artes, sobre todo apuntando al desarrollo territorial, que me parece se aúna al desarrollo creativo?

MAGDALENA AYERRA: el Distrito de las Artes es uno de los distritos en donde se une o se junta un barrio con una temática. Hay una estrategia dentro del Ministerio de Desarrollo Económico de la ciudad de Buenos Aires para el desarrollo de distritos creativos. En el caso del Distrito de las Artes, que fue el tercer distrito creado por ley, era casi obvia la relación del barrio de La Boca con el arte. Por su tradición, por su historia, por toda esa identidad cultural tan fuerte que tiene el barrio, intentamos llevar adelante una política pública con un doble objetivo: por un lado movilizar y desarrollar un sector que desde el punto de vista económico nos parece estratégico, porque da trabajo con un fuerte valor agregado, y por otro lado desarrollar una zona muy interesante pero que está algo relegada en relación a otros barrios de la ciudad. Para nosotros el arte es un motor de desarrollo integral.

Este es el tercer año de gestión y, si bien La Boca es muy grande –son más de trescientas hectáreas– si uno se fija en el mapa, tenés Caminito como el punto de referencia, y de un lado la Fundación PROA y del otro al Museo Quinquela. En sus cercanías es donde se fueron mudando los principales nuevos espacios artísticos y culturales. Y nuestro objetivo es abrir más espacios, incluir talleres para residencias de artistas y, en definitiva empezar a unir todo mediante un corredor siguiendo el río. Queremos volver a caminar esa ribera del Riachuelo que es espectacular desde la usina hasta el arroyo. El barrio estéticamente mejoró su oferta en todo sentido, y no sólo eso, sino que se abren restoranes y aumenta el movimiento comercial alrededor de las instituciones culturales que están en funcionamiento. Son ellas las que cambian la cara del barrio. Apuntamos a un proyecto a largo plazo, y el resultado final se va a ver recién de acá a diez o quince años.

LAURA MENDOZA: Julia, ¿cómo podrías vincular proyectos de esta naturaleza con la acción de la Fundación ARTE BA? ¿Pensás que puede haber o hay ya la posibilidad de desafíos conjuntos, o se trata de otra cosa?

JULIA CONVERTI: desde que escuché la idea del Distrito de las Artes me pareció que era de esos proyectos que realmente generan un impacto aunque su desarrollo sea muy complejo. Por eso entiendo lo que dice Magdalena cuando habla del largo plazo, pues si no te lo proponés así me parece que es imposible. Por otra parte, considero que a nivel cultural la ciudad necesita focos y núcleos que generen programas en distintas áreas para volver a recuperar el sur y volver a mirar al río. Nosotros somos una fundación sin fines de lucro y nuestro evento protagónico es la feria de arte contemporáneo que se hace anualmente, pero también tenemos mucho compromiso con el medio porque creemos en el sistema del arte, en el mercado, y esto es una construcción mucho más compleja que una transacción económica que se realiza una vez al año.

Uno de nuestros principales objetivos es ampliar audiencia, es decir, dar a conocer y generar un vínculo y un hábito cada vez más profundo con el arte, con la producción cultural, entendiendo a ésta como una herramienta formadora de la sociedad, por lo cual también pensamos en un programa mensual para empezar a aprovechar más lo que hacemos y las capacidades de la fundación.

Buenos Aires es donde tenemos el impacto más grande, ya que la feria se hace acá, y además es donde viene el público extranjero -ya sean coleccionistas, profesionales, o interesados en arte contemporáneo- y casi todos ellos se limitan a la ciudad más allá de que algunos aprovechen para hacer escala en otros lugares. Para nosotros Villa Crespo, que es un núcleo de galerías donde empiezan a suceder varias otras cosas, y el Distrito de las Artes, centraron nuestra agenda de actividades este último año. Sin embargo, estamos trabajando también en programas de alcance federal porque para crecer hay que hacerlo de una manera más amplia.

AMERICO CASTILLA: quiero señalar algo que me parece muy importante: desde mi punto de vista no se trata de ir conquistando territorios para el arte sino, en todo caso, se trata de detectar necesidades en los territorios y ver de qué manera, desde el lenguaje artístico, podemos interpretarlas, satisfacerlas, simbolizarlas, y trabajar en conjunto. No se trata de erradicar a la gente que vive en esos lugares, ni tampoco de imponerle un modelo estético, o decirle si tal parrillita es estética o no es estética. Lo más importante es el bienestar de la gente que está ahí, porque desde su bienestar, ellos van a poder hacer un aporte auténtico a la cultura de la ciudad.

Quiero complementar lo dicho sobre la disciplina del gusto: no estamos tratando de imponer o de llevar una disciplina del gusto en barrios que aún no lo tienen, es decir, no es que son ciudadanos incompletos, sino que son ciudadanos con un orden de necesidades distinto a las que tenemos nosotros, y yo no reniego de eso, sino que hay que saber interpretarlo. Por ejemplo, el público que va a PROA o al Museo de Arte Moderno, en su gran mayoría no es el público local sino que es gente que viaja desde otros territorios a ese territorio a ver esa oferta. Y yo creo que está muy bien, pero esa situación crea la necesidad de trabajar sobre los demás públicos potenciales.

MAGDALENA AYERRA: el vecino de La Boca no sólo que no es incompleto sino que es un vecino con una identidad cultural muy fuerte, que consume cultura todo el tiempo, pero la consume en lugares que podríamos caracterizar como muy tradicionales. Por ejemplo, si yo voy un sábado a la inauguración de alguna muestra en el Museo de Quinquela Martín probablemente el 90% son vecinos de La Boca, y nos conocemos todos. Totalmente distinto es una inauguración en PROA donde todo el mundo me llama para preguntar dónde puede dejar el auto porque no conoce el lugar.

JUAN MANUEL BEATI: Coincido, me parece que hay que tener cuidado con la cuestión de disciplinar el gusto porque uno tiene que partir de la base que si, por ejemplo, el poder de principios del siglo pasado hubiera disciplinado el gusto hoy no existiría el tango. Cuando se habla de la cultura en el sentido antropológico, de alguna manera se está diciendo que en algún momento tribus y comunidades humanas que no tenían suficiente intercambio entre sí como para compartir conceptos culturales diseñaron sus valores estéticos en una síntesis que terminó siendo su cultura. En otro momento esas comunidades entraron en competencia y en conflicto, por territorios o por otras situaciones, y finalmente se terminaron abriendo en varias subculturas: hay una cultura cristiana occidental, una cultura musulmana, otra más oriental, y dentro de esos grandes bloques existen focos culturales que cuestionan a la cultura del poder. Esos pequeños focos culturales internos que se generan dentro de estas grandes culturas son, justamente, los que hay que respetar mucho porque de allí surgen, por ejemplo, lo que decía sobre el tango y otras actividades culturales que terminan siendo mucho más auténticas que las culturas que a veces se imponen por una cuestión natural de poder.

La estrategia del Estado tiene que cuidar esas pequeñas culturas, porque esos focos culturales, que denuncian los problemas de la gran cultura validada por el poder, son los que en definitiva permiten la supervivencia del marco cultural en el cual nosotros existimos. Es decir, las culturas que no tienen la posibilidad de autocuestionarse en definitiva terminan colapsando.

Por eso hay que tener cuidado con las políticas que se hacen desde el Estado para fomentar y contribuir a que estos pequeños focos culturales cuestionen el poder. Es mejor cuestionar el poder que cuestionar la cultura, porque cuestionando la cultura se produce un choque generacional que no conduce a buen puerto. Pero cuestionando el poder se produce un cuestionamiento a la cultura más razonable, más explícito. En este momento, en la ciudad de Buenos Aires, contamos con un conjunto de herramientas para hacerlo como Pro Teatro, BA Música, Pro Danza, el Fondo Metropolitano de las Artes y la Ciencia. Son todos instrumentos que apuntan a no dejar que esos focos se apaguen porque consideramos que son muy necesarios.

 

 

LAURA MENDOZA ¿Tiene tanta espalda la cultura o el quehacer artístico para solucionar problemas sociales que, en principio, tienen una base compleja?

MAGDALENA AYERRA: No, las artes son más bien una ayuda o algo que puede potenciar lo existente o subyacente; no es que llega el arte y los problemas se solucionan, pero es un motor y un disparador. Pongo como ejemplo a otros distritos que se crearon en la ciudad. En el caso del distrito tecnológico sobre la Avenida Caseros, cuando se abrió fue la policía metropolitana, llegó el subte, todo el parque se hizo de nuevo, se mejoró la iluminación, se abrieron nuevos comercios o los que ya estaban se mejoraron; vemos que los distritos son un disparador para que otras áreas empiecen a intervenir y a gestionar. Cada empresa nueva que abre son nuevos puestos de trabajo para la gente del barrio. En el Distrito de las Artes, desde la promulgación de la ley hace tres años hay treinta nuevos espacios, quince que ya están abiertos y otros quince que van a abrir en el lapso de un año y esperamos recibir más proyectos en 2016. Hablamos de la cultura pero con una fuerte implicación en el desarrollo económico, y es por eso que esta política y estrategia de creación e interacción de distritos está dirigida desde el Ministerio de Desarrollo Económico. Estamos convencidos que desde la cultura hay y puede haber un desarrollo económico local muy importante. Por suerte ninguno de los proyectos tuvo consecuencias negativas para el barrio, pero somos conscientes de que el desarrollo puede traer aparejado cosas no queridas, como el problema de la gentrificación, que no se puede omitir ni se puede evadir porque es una cosa que pasa en todos lados, y que nos lleva, por supuesto, a plantearnos como resolverlo de la mejor manera posible.

ANA MARÍA BATISTOZZI: en este sentido quiero subrayar algo que tuvo lugar en un momento muy difícil de la Argentina, que fue el proyecto de Estudio Abierto entre 2000 y 2007 donde me tocó actuar como directora. Fue un proyecto que surgió como surgen tantas cosas en la Argentina, es decir no enmarcado en la política cultural a largo plazo, sino como una iniciativa ad doc porque las cosas estaban como estaban. Yo trabajaba en la Subsecretaria de Patrimonio, y se pensó en una iniciativa que involucrara al arte contemporáneo pero sin dejar afuera las manifestaciones culturales propias de cada lugar. Y tanto fue así, que antes de empezar a invitar a artistas nosotros trabajamos en un relevamiento del barrio, para saber cuáles eran las instituciones que ya existían ahí y como podíamos incorporarlas en el proyecto. Por ejemplo, cuando fuimos a La Boca, tuvimos encuentros con el Ateneo de La Boca y con otras instituciones y actividades que tenían que ver con una tradición importante de la que los vecinos del barrio estaban orgullosos. Los artistas de Caminito "mosqueaban" cuando aparecían otros artistas que no eran de allí, pero hubo artistas que por vivir en el barrio convivían muy bien con la gente del barrio, como por ejemplo Rómulo Macció. Fue un proyecto acotado a esos momentos críticos, que luego progresivamente fue mejorando porque las condiciones del país fueron mejorando, pero fue un proyecto en el que la cultura jugó un papel de paraguas protector cuando la situación era muy difícil. Había muchos edificios cerrados, con una capacidad ociosa importante, y la idea para que los artistas operaran era trabajar desde el lugar que la comunidad toda vivía como un patrimonio que se venía abajo. Una artista como Lorena Ventimiglia hizo en Harrods, el edificio de una tienda cerrada, una cosa muy graciosa, buscó en el Colón un sillón de rey, y sentó un esqueleto vestido como Papá Noel, como que había quedado encerrado ahí dentro y se consumió solo. Cosas de humor que tienen que ver con el arte contemporáneo y que puede ser mejor entendido cuando se acerca a la gente, y la gente se acerca en una experiencia vital, y esto fue lo que ocurrió en Harrods con la sala de té donde se hizo una instalación sonora. Además muchos jóvenes que no disponían de dinero, algunos del mismo barrio y otros no, participaban de actividades gratuitas que creábamos. Ese proyecto hoy no se podría repetir.

JULIA CONVERTI: teniendo en cuenta que no teníamos tradición de Bienal, Estudio Abierto creó un lugar propio en un momento muy particular de nuestra historia cultural, ocupó un lugar que necesitábamos con un modelo distinto de evento y de convocatoria. Además pasó algo interesante con Harrods, que por su propia historia y la carga que tenía, hizo que mucha gente fuera simplemente por la experiencia de volver a visitarlo, y ahí se encontró con el arte contemporáneo y con un montón de experiencias. Ese encuentro fue muy bello, incluso para muchos artistas que no habían vivido la época de Harrods, que lo único que sabían era que había cerrado y las historias que les habían contado sus padres.

AMÉRICO CASTILLA: en ese sentido, en el mundo en este momento, está empezando a tener nuevamente vigencia el espacio cívico, y a través de técnicas narrativas se puede lograr que la gente pueda vivir el espacio público de una manera particular. En algunas ciudades de EE.UU. por ejemplo, donde han demolido todo, están reconstruyendo los centros históricos para poder implementar esta estrategia narrativa. Otro caso es el de La Habana, donde se ha reconstruido escenográficamente el casco histórico, pero adentro no hay nada.... En nuestra ciudad, en cambio, está todo. Está habitado, está la gente que transita, el casco histórico no ha perdido vigencia, las historias están ahí, por lo que es una gran oportunidad, pero hay que provocar los cambios necesarios para sacar afuera estas historias.

JUAN MANUEL BEATI: nosotros tenemos un desafío que parece imposible o al menos muy complicado, y es que están las cosas pero están tapadas de cosas modernas horribles, hablando arquitectónicamente. Esta es una realidad que muchos artistas nos pueden ayudar a señalar. Nosotros más que construir escenográficamente, tendríamos que demoler las cosas que tapan.

LAURA MENDOZA: quisiera que abordemos ahora la cuestión del mecenazgo, en particular la ley que tiene al respecto la ciudad de Buenos Aires, ¿es una herramienta concreta de distribución, de financiación o reasignación de recursos?, ¿qué piensan ustedes sobre sus objetivos y sobre sus criterios de selección?

JUAN MANUEL BEATI: para empezar, hay un criterio de selección general que ya está en la ley. Cuando la ley dice que únicamente pueden ser beneficiarias de mecenazgo las personas jurídicas sin fines de lucro o físicas, ya te está dirigiendo hacia un sector más bien independiente de la cultura. Por ejemplo no puede venir un empresario de la cultura -absolutamente respetable en lo que hace- que tiene una forma de financiamiento que funciona dentro de lo que es el mercado. La ley apunta fundamentalmente al sector que tiene problemas de financiamiento, ya sea porque no puede insertarse en el mercado o porque no dispone de una partida presupuestaria como en el caso del sector público.

Igualmente hay que señalar que, en general, cuando se programan las partidas presupuestarias en los distintos campos de la atención pública, se piensa en las cosas que se tienen que hacer y no en las cosas que se tienen que sostener. Y entre las cosas que se tienen que sostener está el patrimonio cultural. Hay edificios públicos maravillosos que en muchas ocasiones las distintas administraciones, en su afán de hacer y de solucionar los problemas cotidianos olvidan, y su mantenimiento no se tiene muy en cuenta en los presupuestos. La ley de mecenazgo sirvió un poco para superar esta problemática dentro del sector público.

El sector independiente es el sector más importante para la ley de mecenazgo y su marco legal te enfoca hacia ese lugar. Además está el Consejo de Promoción Cultural que define lo que es de interés cultural para la ciudad de Buenos Aires según nuestro criterio. Y en ese caso tratamos de solucionar las cosas que tienen impacto de la sociedad, que tienen valores, que tienen un desarrollo. También tratamos de lograr un equilibrio en el aporte de las empresas -la ley distingue entre las figuras del patrocinador y el benefactor- y tenemos que jugar un poco con esas figuras como para que a través del patrocinio las empresas se comprometan genuinamente con los proyectos culturales. Que no sólo se comprometan desde el punto de vista de los descuentos impositivos sobre sus ingresos brutos.

ANA MARÍA BATISTOZZI: Yo tengo una objeción respecto a algunos aspectos de la ley de mecenazgo, en especial a los que permiten apoyar proyectos que en definitiva favorecen al propio Estado a través de las ONGs. Me parece que no era originalmente el espíritu de la ley, sino que es una corrección que se hizo luego. Doy un ejemplo, cuando presente una muestra en el Museo de Arte Moderno me propusieron pedir a través de su Asociación de Amigos un apoyo mediante la ley de mecenazgo, lo cual a mí no me pareció justo, porque el mecenazgo es un recurso para apoyar a aquellos que no tienen medios, no al Estado. Me parece que ahí hay una pequeña trampita.

JUAN MANUEL BEATI: contesto esa observación como abogado. Primero, cuando se dice "el espíritu de la ley" hay que entender qué significa. El espíritu de la ley es saber mediante un estudio cuales fueron los debates parlamentarios que llevaron a ese texto legal, y en el debate parlamentario de esta ley hubo, justamente, una propuesta de un bloque de la legislatura, que propuso que los organismos públicos puedan influir en la ley, teniendo en cuenta que la mayoría de los recursos provienen de la administración pública y que, de alguna manera, le están volviendo al Estado.

No es que alguien que iba a invertir en algún otro lugar lo pone en el Estado, sino que es el Estado quien lo pone, y parte de lo que resignaría lo recupera para solucionar cosas que pudieran estar faltando. Se puede tener otra concepción de lo que es el mecenazgo y decir "yo no estoy de acuerdo con esta ley", y lo respeto, pero tanto el espíritu como el texto de la ley de mecenazgo lo respetamos a rajatabla. En el articulado de la ley de mecenazgo queda claro que pueden presentar proyectos las asociaciones de amigos que colaboran con las instituciones públicas así que nosotros tenemos que permitirlo, no podemos ir en contra de lo que marca la ley.

AMÉRICO CASTILLA: se crea una ley de mecenazgo porque la idea es que haya renuncia fiscal. Pensemos en la hipótesis de que el cien por ciento de las adjudicaciones vayan a los proyectos que benefician a la propia ciudad, en ese caso no habría renuncia fiscal.

JUAN MANUEL BEATI: pero no es ni remotamente cercano a lo que sucede en realidad. No tengo acá el número exacto pero creo que no llega ni al 5% la cantidad de adjudicaciones que favorecen a la propia ciudad.

AMÉRICO CASTILLA: yo en este caso confió plenamente en que tu administración lo hace de buena fe, pero en todo caso, si esto es así y se permite que el Estado se beneficie, o sea que no haya una renuncia fiscal, habría que fijarle un límite máximo, sea el 5, el 10, el 20% o lo que sea. Eso crearía mayor credibilidad y le daría más transparencia al sistema.

 JULIA CONVERTI: otro de los puntos en que uno piensa que se podría mejorar desde el Estado, es dotar a los museos públicos de un mayor nivel de presupuesto para que puedan funcionar con más proyección.

AMÉRICO CASTILLA: bueno, de hecho el gobierno de la ciudad de Buenos Aires, es uno de los pocos que cumple con los requisitos de la UNESCO en relación al porcentaje de su presupuesto total dedicado a cultura. Creo que Buenos Aires y San Luis son los únicos dos que lo cumplen en nuestro país. Hay un presupuesto importante para la cultura en la ciudad de Buenos Aires, la cuestión es cómo se aplica.

ANA MARÍA BATISTOZZI: al respecto, la pregunta es ¿Hay políticas culturales para nuestro sector? Si las hay, ¿cuáles son? y si no las hay, ¿por qué no las hay? Y si las hubiera, ¿son a largo o a corto plazo? como para que se puedan continuar entre una administración y otra. Yo particularmente creo que definidas así, no las hay.

 AMÉRICO CASTILLA: este es un punto importante que tiene que ver con la falta de profesionalización. Eso es lo que ésta Universidad, y en alguna medida nosotros, incentivamos en la gestión y la administración pública de la cultura. Por ejemplo, en el caso del Ministerio de Cultura de la Nación, cuando ocupé el cargo de Director de Patrimonio y Museos lo primero que hice fue diseñar una política. Hicimos una política cultural para museos en la Argentina. Cuando me fui quedo en la web varios años más, por desprolijidad pienso. Por otro lado, Ibermuseos que es la organización que nuclea a todos los museos en España, Andorra, y Portugal, hizo una encuesta sobre los países que tenían políticas para los museos, y Argentina aparece como que no tiene. O sea que el funcionario que siguió ni siquiera se fijó en la web a ver si teníamos algo. El problema, además de tomar el trabajo de escribir una plataforma, está en cómo profesionalizarlo e implementarlo de acuerdo a las posibilidades y presupuestos con los que se cuenta.

JULIA CONVERTI: además, cuando se piensa en hacer una regulación, debería hacerse en consulta y acuerdo con las personas que van a ser reguladas. Porque si no se proponen cosas que después son imposibles de implementar, o hay que corregirlas, con el tiempo y el esfuerzo que eso implica. Esto sucede por no haber tenido en cuenta detalles o por estar formuladas desde un lugar alejado de las personas que tendrán que trabajar con esa regulación.

AMÉRICO CASTILLA : eso sucede a veces, es cierto, pero también sucede que siendo funcionario vos haces circular un documento para discutir, como me pasó concretamente a mí, donde fueron notificadas las instituciones y los museos de todo el país, y les dimos tiempo para que nos den una respuesta, y no contestó nadie. Esa es otra arista del problema: casi nadie asume su parte en este juego. En aquella oportunidad a nosotros solamente nos contestó una galería de arte.

 

 

JULIA CONVERTI: Creo que cuando hablamos de políticas o programas culturales, hay que diseñarlos de una manera integral. Pensando detenidamente por sectores de implementación, como un sistema complejo y completo que está en relación a un sistema mayor del arte, y cuando hablamos de un programa cultural integral de una escena, tiene que funcionar cada parte en forma individual, pero también el engranaje entre todas las partes, y hay que pensar en el tiempo. En escalones que nos llevan hasta el largo plazo.

Por otra parte, se puede decir que a nivel cultural han pasado muchas cosas buenas en los últimos años, que tenemos un crecimiento y un fortalecimiento institucional muy fuerte, aún con todo lo que falta todavía. Realmente, dentro del mercado del arte se ha generado un nuevo coleccionismo, se abren nuevos proyectos, por supuesto cierran otros, pero hay un recambio que se ha nucleado bastante en el Distrito de las Artes que ya es un polo más institucional, hay galerías también. Hay otro polo en Villa Crespo, y los diferentes actores están empezando a juntarse, a armar asociaciones de galerías, a pensar juntos acciones comunes, a partir también de encontrar situaciones comunes e intereses comunes.

AMÉRICO CASTILLA: de ahí la importancia de contar con el Observatorio. La importancia de la reflexión, porque no es todo acción. Gestión es acción más reflexión. Es decir, hacer una pausa, ver que estamos haciendo, cómo eso está funcionando, estudiarlo, ver cuál es el impacto social y/o económico de lo que se está haciendo, ver los nuevos nichos que necesitan ser tratados y cuál es la mejor manera de hacerlo.

En los cuerpos profesionales del Estado, la Cancillería por ejemplo, hay una carrera que hace que quienes se van incorporando año a año, se formen específicamente para la función que van a desempeñar, pero en cultura esto no es así. Según mi experiencia al menos, en la administración para los nuevos, que vienen sin experiencia, se hacen contratos basura, y los que estaban en la planta quedan sin ningún estímulo ni son consultados a pesar de tener toda la memoria de la administración anterior. Y entonces el siguiente administrador compra un nuevo edificio para poner a los nuevos y a los que ya estaban, y así se va agrandando cada vez más el número de personal.

JUAN MANUEL BEATI: la administración pública, como todas las cosas, tiene su complejidad. Coincido que en algunos lugares pasa lo que dice Meco, pero en otros no o no tanto. Pero lo que dice sí es importante en lo que hace al área de museos y en las instituciones que tienen una producción cultural inmediata. Por ejemplo, en el área de mecenazgo, si bien sus tareas son casi totalmente administrativas, hay una etapa de control de la ejecución de los proyectos. Y ahí providencialmente -porque si no hubiera sido así hubiéramos tenido que salir a buscar otra persona formada- el área cuenta con personas licenciadas en artes combinadas que colaboran en la evaluación de los proyectos. Salvo el Consejo de promoción cultural, integrado por personas elegidas por su trayectoria en el ámbito de la cultura, los demás son administrativos que necesitan capacitación y profesionalización en aspectos administrativos -hay una apuesta muy grande del gobierno de la ciudad para brindarla-. Ahora, si alguno de ellos por propia vocación tiene formación cultural, colaborará en aquellos aspectos donde se pueda aprovechar ese conocimiento. Valoramos las capacidades que, al menos por vocación, tiene cada persona.

También vemos que en la administración pública es necesaria una cierta capacidad de liderazgo, así vemos que van pasando varios gobiernos y hay funcionarios que subsisten, porque no sólo tienen una formación importante, sino también una buena capacidad de liderazgo.

AMÉRICO CASTILLA: creo que el área de mecenazgo es un ejemplo de algo que funcionó bien, es una especie de Metrobus de la cultura. Es clave, y creo que es algo que el Gobierno de la Ciudad debiera poder promover más. Es una herramienta que sería muy bueno si pudiera llevarse a nivel nacional.

LAURA MENDOZA: permítanme señalar que incluso las devoluciones en Mecenazgo tienen una labor pedagógica, nosotros hemos presentado proyectos y cuando llegó la devolución nos sorprendió que desde la burocracia se pudieran aportar tantos detalles.

ANA MARIA BATISTOZZI: Como decía Américo, sería importantísimo poder darle más relieve a este tema, porque también marca una actitud institucional democrática. Hacer una devolución adecuada desde el Estado a alguien que se tomó el trabajo de presentar un proyecto, es un signo de respeto importante.

JUAN MANUEL BEATI: nosotros formamos parte de la administración pública, así que trabajamos encuadrados por leyes de procedimiento administrativo. No podemos decir simplemente "nuestro veredicto es inapelable", como podría hacer por ejemplo una fundación que hace un concurso. Nuestra decisión es inobjetable, porque está tomada por medio de un jurado calificado. Pero nosotros tenemos que dar explicaciones cuando un administrado nos lo pide. Por eso le pedimos a todos los consejeros -que no está demás decir que es gente con gran trayectoria en su disciplina que trabaja con nosotros de una manera completamente ad honorem- que hagan lo que normalmente es más antipático: cuando se rechaza un proyecto puede haber cuestionamientos, por lo tanto las explicaciones las tienen que tener preparadas.

LAURA MENDOZA: ¿Cómo ven el futuro del sector? ¿Qué necesidades tiene, o donde pondrían el acento? ¿Qué es lo que más necesitamos?

JULIA CONVERTI: hay un crecimiento a nivel federal que se puede medir, y creo que los últimos años han sido claves por el fortalecimiento institucional que hubo. Hay muchas iniciativas muy interesantes dentro del sector que, por supuesto, hay que seguir fortaleciendo para seguir creciendo. En términos de mercado hay que lograr que funcione en un ritmo y nivel anual. Esos públicos que hemos detectado, que se acercan para adquirir arte contemporáneo, pueden ser fidelizados.

Una cosa muy importante es la promoción del arte argentino en el exterior por el galerismo. Esas plataformas del mercado dan una visibilidad muy grande. Aunque hay una maquinaria funcionando -en los últimos tiempos hay dos o tres galerías que viajaban al exterior muy seguido- un número más fuerte de galerías interesadas en tener presencia afuera sería muy bueno. Otra cosa importante sería poner en marcha un régimen de desgrabación impositiva para empresas que donen obras a museos. Evidentemente es complejo, pero sería muy positivo que realmente pueda haber una construcción de coleccionismo corporativo que contribuya a que los patrimonios de los museos crezcan. Finalmente, y como lo veníamos hablando, sería ideal que se haga una ley sobre mecenazgo a nivel nacional. Tenemos mucho por delante, pero a nivel cultural estos últimos años han pasado cosas que muestran que estamos en un buen momento para seguir creciendo.

MAGDALENA AYERRA: Yo también soy optimista. Desde la fundación "Pensar" -pensando justamente en ganar las próximas elecciones nacionales– hemos preparado un documento en donde queremos replicar a nivel nacional las cosas buenas que se hicieron en la ciudad de Buenos Aires, como la ley del mecenazgo. También queremos abordar la cuestión laboral de los artistas, que son un sector muy distinto al resto de los trabajadores, por lo cual necesitan tener un régimen de facturación distinto que los incorpore en el sistema. No pueden sostener un monotributo anual, y eso debería estar contemplado por la AFIP. El artista tiene que estar abocado a lo que sabe hacer, que es crear, y tenemos que facilitarle eso. También pusimos en el documento la creación de una red de museos mucho más amplia y con un funcionamiento más estratégico en relación al conjunto.

Tenemos que ganar en responsabilidad y previsibilidad. Yo aplaudo que inauguremos un lugar como el centro cultural Kirchner, pero tengo mis dudas sobre si el gobierno que lo creó ha previsto cómo mantener semejante infraestructura, y eso será seguramente un problema para el gobierno que viene. Hay que seguir impulsando una ley de mecenazgo a nivel nacional, porque es una herramienta buenísima y factible de implementar.

AMÉRICO CASTILLA: estuvimos hablando de los progresos que se hicieron a nivel nacional -más museos y más infraestructura-, ese es el hardware que, si bien aún no está todo resuelto, ha tenido un desarrollo que en décadas anteriores no había tenido. Entre lo que falta, doy el ejemplo de Tucumán que es una provincia de donde salen artistas de primerísima línea, pero que no tiene suficiente infraestructura cultural. Es una provincia tan importante como Buenos Aires, Córdoba o Santa Fe, en cuanto a su producción cultural, y no tiene quién sostenga esa producción. Ahí es donde una herramienta como la ley de mecenazgo sería muy necesaria. Los gobernantes de cada provincia, y de cada ciudad tienen que tomar la iniciativa. Tenemos que darles herramientas a los artistas para que ellos sean los promotores del cambio. No puede ser que no haya un museo de arte moderno en Tucumán, en el año 2016, que se cumple el bicentenario sería una ocasión fenomenal para hacerlo.

Ahora, el principal desafío a abordar es lo blando: los contenidos, y que esos contenidos circulen por todo el país. Hay que interpretar el espacio público y brindarle un acceso cívico más importante, que se sientan parte de ese espacio como constructores, como huéspedes, como actores de este espacio público. Está muy bien que se hayan hecho plazas y pasos a nivel, pero yo creo que falta hacer algo más dentro del ámbito de los contenidos culturales.

En septiembre del año próximo, con la fundación TyPA vamos a hacer un encuentro de diseñadores de espacio público de muchos lugares del mundo. Ellos van a trabajar en una esquina en particular, la esquina de Alsina y Defensa que me parece una de las esquinas más fenomenales que tiene la ciudad. Está la casa de Elorriaga, el museo de la ciudad, la Iglesia de San Francisco, el rincón de Alsina -que ahora está cercado con una horrible escultura o algo así sobre la guerra de Malvinas- el lugar donde murió Luca Prodan está a una cuadra, y está también La Puerto Rico. Nuestra idea es que estos diseñadores que trabajan en el espacio público trabajen junto con diseñadores nacionales graduados de nuestras universidades, con músicos, gente de teatro y de artes sonoras, para tratar de interpretar esa esquina como un modelo que facilite nuevos lenguajes.

Respecto a la ley de mecenazgo a nivel nacional, considero que debería estar basada en el impuesto a las ganancias y no en los ingresos brutos. Ahí la cuestión es que hay una gran evasión impositiva en el impuesto a las ganancias, lo cual hace entendible el resquemor de los ministros de hacienda a establecer algo sobre un impuesto en el cual de entrada ya hay una pérdida.

JUAN MANUEL BEATI: al respecto, la ley de mecenazgo de la ciudad de Buenos Aires trajo consecuencias positivas, porque al igual que pasa en todas partes del mundo, una empresa que tiene una deuda impositiva no puede hacer un aporte para mecenazgo, lo cual obliga a la empresa a regularizarse. Es decir que si bien desde algún punto de vista la ley parece un gasto, si se mira desde una visión macro, es también un estímulo para la recaudación impositiva. Y si además contribuye a que los artistas, mancomunadamente, nos ayuden a través del arte a lograr una cultura del aporte tributario, bienvenido sea.

AMÉRICO CASTILLA: como último punto, quiero señalar la importancia de no olvidar las necesidades del territorio, es decir, cuando se actúa, no hacerlo sin haber hecho previamente las consultas necesarias.

ANA MARIA BATISTOZZI: como todos los que estamos aquí, me sumo a la necesidad de que efectivamente se de forma y se ponga en marcha una ley de mecenazgo a nivel nacional. Por otra parte, hay algo que a mí me preocupa en relación al crecimiento de infraestructuras culturales. En España, en la época de bonanza, hubo un momento de gran proliferación de infraestructuras culturales pero luego, cuando apareció la crisis, empezaron a plantearse qué hacer con todos esos monstruos que habían creado pero nadie había pensado sobre su sustentabilidad en el tiempo. Y tampoco pensaron en el nivel profesional que se requería para poder tener a cargo y llevar a buen puerto lugares como esos. Al respecto pienso que concursar la dirección de las instituciones culturales es bueno para ellas y es bueno para los gobiernos. Los concursos hacen que el que tiene a su cargo la institución tenga muchísima más autoridad para relacionarse con el afuera y también hacia adentro. No debiera haber discusión sobre esto y, sin embargo, casi ningún político cuando llega al gobierno los impulsa. Pareciera que no quiere ceder espacios de poder.

AMÉRICO CASTILLA: en el caso de los museos, agregaría que para hacer los concursos hay que hacer previamente un trabajo más complejo que es reestructurar su régimen de administración, como lo hicimos en el Bellas Artes. Sino, por ejemplo, el sueldo de director queda muy bajo y entonces no se presentan candidatos capaces. Hay que hacer esta reestructuración en el ámbito de todos los museos de la ciudad, y también en todos los nacionales.

JUAN MANUEL BEATI: evidentemente surge aquí un reclamo, diría casi un clamor, para que haya una ley de mecenazgo a nivel nacional. En ese sentido, quiero decirles que en el caso de que ganemos las elecciones, ya se ha charlado que a futuro se quiere llevar dicha ley a nivel nacional, después de la experiencia positiva que hemos tenido en la ciudad de Bs As, y también tomando las experiencias que no fueron tan positivas, porque de toda política pública surgen situaciones a partir de las cuales se puede mejorar. Quiero decir que también tengo una visión optimista del futuro, basado en que desde el año 1983 vivimos en democracia, y esa es la base fundamental para cualquier política cultural seria.

LAURA MENDOZA: creo que es una buena frase para cerrar este muy interesante encuentro. Muchas gracias a todos.