Políticas de Gestión en las Artes Audiovisuales

PARTICIPAN: 
Aldo Fernández, representante del sector de productores audiovisuales, Leo Racauchi (Cámara Argentina de Exhibidores Multipantallas);  Sergio Vainman (Argentores) y Jorge Marrale (SAGAI / Sociedad Argentina de Gestión de Actores Interpretes).

MODERA:
Sebastian Bloj (Docente de la Maestría en Administración de Organizaciones del Sector Cultural y Creativo, UBA)

Nuevas plataformas generan nuevos desafíos.

Sebastian Bloj: Esta es una mesa de debate sobre las políticas para el sector audiovisual, organizada por la revista ACC. Queremos intercambiar ideas sobre las políticas tanto públicas como las del sector privado en el momento actual. Para empezar, Aldo,  podrías darnos tu visión sobre este último período de la Argentina en la gestión de la industria audiovisual, sobre todo en la producción?

Aldo Fernández: me parece que lo más importante de los últimos años es que el Estado ha tomado un rol mucho más protagónico en el fomento a la industria, sobre todo televisiva, porque en la industria cinematográfica ya existe el fomento hace muchos años a través de la Ley del Cine. Eso se vio plasmado en el nacimiento y posterior crecimiento de un sector de producción PYME independiente, que antes prácticamente no existía, que no tiene relación con los canales y que ha tenido una actividad muy fecunda en los últimos años.

También ha habido un cambio en la función del INCAA, que no se hizo mediante la modificación de la Ley del Cine sino a través de la reglamentación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual y donde al INCAA se le ha impuesto que tiene la obligación de destinar parte del fondo de fomento al fomento de la televisión, y no solo del cine. Debe destinar algo así del 25% de lo que recibe de determinados gravámenes del AFSCA al Fomento de la TV, cosa que antes no estaba, y eso me parece que ha sido un avance significativo, sobre todo en este sector de pequeñas productoras independientes.

La Ley de Medios también debería favorecer mucho al sector en cuanto a que ha establecido cuotas de producción y cuotas de pantalla para las productoras independientes pero, en la práctica, no se han visto grandes avances en la aplicación de la ley porque como todos sabemos, gran parte de los años de vigencia que lleva -desde el 2009- el AFSCA ha estado más en cuestiones reglamentarias relacionadas más con las acciones legales que se han hecho con los distintos sistemas de cable que puede tener cada operador, que en la parte efectiva de otra parte del articulado de la ley que sería muy beneficiosa para el sector.

Hay que decir que gran parte del fomento público se ha hecho de una manera medio inorgánica, con fondos aportados mayoritariamente por el Ministerio de Planificación. Eso ha sido muy positivo en un aspecto, porque se han hecho muchas producciones en los últimos años, pero no vemos que futuro puede tener porque es algo que no está institucionalizado, sino que ha sido muy discrecional. En su momento, cuando se planteó la licitación de las 220 señales de TDA el año 2011 -que después se dejaron sin efecto- se buscaba fomentar la producción para alimentar bancos de contenidos que después fueran a esas señales. Como el tema de las señales quedó trunco, lo del fomento a los bancos de contenidos ha sido muy discrecional. Entonces, ahí uno no sabe que es lo que puede llegar a ocurrir.

 

 

Sebastián Bloj: desde el punto de vista autoral, el fomento que propició el Estado a través del INCAA ¿se sintió desde el punto de vista de los autores?, ¿hubo mayor cantidad de producciones?

Sergio Vainman: definitivamente sí.  Cuando se debatió originalmente el proyecto de Ley de Medios había una  propuesta para que parte de la cuota de pantalla fuera de ficción nacional. Esto hubiese generado una fuente genuina de trabajo, pero en la ley finalmente no figura, entonces la cantidad de horas de ficción queda sujeta a la voluntad de los emisores. Lo que sí hubo fue la producción de series a partir de las acciones de fomento del INCAA asociado con el Ministerio de Producción.  De todas formas creo que ahí hay un problema: el modelo con el cual se encaró el problema televisivo, fue un modelo cinematográfico. Entonces, la manera de producir y programar no tiene que ver con la práctica habitual de la televisión. Tal vez porque quien estuvo encargado de vehiculizarlo fue el INCAA, que siempre fue una entidad vinculada al cine. Esto ha producido un tipo de productos, y sobre todo un tipo de productoras que dependen mucho para su supervivencia del aporte estatal. Y el aporte estatal es realmente una incógnita. El fomento, en la  medida en que no genere una industria autosustentable, que tenga una salida laboral propia y no dependa solamente del aporte  del estado a través de los subsidios, hace que sea difícil proyectar un futuro. Porque si mañana se suprimen los subsidios, ¿Cuántas de estas productoras que hoy en día están trabajando -y muchas de ellas están haciendo productos excelentes- podrían subsistir o crecer en el mercado?

A nosotros -los actores, los autores, los directores- lo único que nos puede sostener en el tiempo es una industria. Así ocurre en todas partes del mundo. Donde ésta decae  naturalmente los creadores empiezan a buscar otras formas de subsistencia. Acá, tal vez por una cuestión de la ley de cine, que impide al INCAA producir telenovelas, nos cuesta demasiado consolidar la industria. Hablo de telenovelas porque son, dentro de la industria audiovisual televisiva, la madre de la ficción. Independientemente de si gusta o no gusta. Es un formato claramente industrial que tiene posibilidad de amortización interna y externa, mucho mayor de la que tienen, por ejemplo, las series. Porque trece capítulos de una serie no alcanzan para amortizar los gastos que se generan para producirlos, mientras que ochenta o ciento veinte capítulos de una novela posibilitan 80 o 120 horas para amortizar en publicidad, primero en el mercado interno, y siempre está la posibilidad de alcanzar mercados externos como lo hacen las grandes productoras brasileñas, turcas o coreanas.

Hay que prestar atención a cuál es el futuro de la industria audiovisual, en relación al sector de los guionistas y escritores televisivos. Hace 20 años atrás se producían diez o doce telenovelas por año. Hoy hay tres o  cuatro con suerte. Esto lleva a actores, directores y guionistas a una situación muy complicada.

Sebastián Bloj: Desde la perspectiva de los actores, Jorge, ¿Cómo ves vos la situación?

Jorge Marrale: en mi opinión, el paradigma de la televisión que nosotros vivimos  durante tanto tiempo se modificó radicalmente. Yo vengo de una televisión donde los canales de televisión delegaban en directores o en productores ejecutivos la planificación artística del producto. Casi todos los canales tenían uno o más directores que se encargaban de hacer ese trabajo. Con lo cual cada canal era multifacético en su producción y en el estilo. El trabajo era  arduo y se trabajaba mucho, y con el ingreso de cierta metodología cinematográfica en la TV cambió todo el estilo. Se hizo más costosa la  producción, y cuando viene el color también se modifica el esquema. Esa forma de TV se acabó,  y no hace tanto tiempo. Por ejemplo, recuerdo haber hecho en los años 90 unitarios de alta comedia que duraban todo el año, con lo cual había también una corriente de público que se acercaba y era afín a ese material. Eso cambió.

El problema, según lo entendemos nosotros los actores, son las pantallas. Es decir, en cuántas pantallas salimos y hasta donde uno puede ejercer presión para que las pantallas incorporen más material nacional. En el último tiempo estuvimos viendo la evolución del mercado brasileño y sus acciones de fomento para el mercado audiovisual. Sacaron una ley de fomento muy interesante, empezaron a colocar su material en las cadenas norteamericanas como HBO, WARNER y en la BBC, lo que no era lo tradicional, con un diseño de ley muy interesante, apuntando al desarrollo de las pequeñas empresas productoras. Uno hace un poco de zapping hoy en la televisión de cable y ve mucho material brasilero en las señales internacionales.

Sebastián Bloj: efectivamente, el modelo brasileño al que hacés referencia hizo mucho hincapié en conseguir las pantallas. Para eso estableció una cuota para las señales de cable. Quizá sea un modelo a seguir en nuestro país. Esto me lleva a relacionarlo con la cantidad de pantallas disponibles hoy en día en nuestros teléfonos inteligentes, Hoy, el consumo se está yendo a otras pantallas ¿cómo podemos hacer conjugar estos factores?, ¿a dónde hay que poner el foco?

Aldo Fernández: El buen contenido se va a ver de todas maneras porque si es bueno, va a haber un boca en boca que lo difunda. Lo bueno que tiene el modelo brasileño es que la mayor cantidad de fondos para el fomento viene de un impuesto a las comunicaciones. Se basa en las formas en que se consumen los contenidos. Si uno mira diez años hacia atrás, Brasil no tenia ningún esquema de fomento ni siquiera en cine. Estudiaron el sistema del INCAA, les pareció muy bueno y lo mejoraron.  Lo actualizaron a la realidad de hoy. Cada línea celular paga un pequeño impuesto, cada línea de internet paga un pequeño impuesto, y en el total es  mucho dinero.

Leo Racauchi: Hoy ese modelo se usa en Argentina para el deporte olímpico. Es un porcentaje que tiene que pagar la empresa telefónica para fomentar el deporte olímpico.

Sebastián Bloj: de todas formas, creo que el apoyo estatal es inevitable…

Jorge Marrale: Sí de acuerdo. En ese sentido la ley brasileña contempla exención de impuestos para aquellas empresas que quiere apoyar el producto cultural, lo cual me parece que podríamos imitar. Porque en ultima instancia la intención es que el talento nacional, en todos los rubros, tenga espacio. Ya hemos demostrado que hay talento, pero así como estamos se generan cuellos de botella en donde queda taponado y no se puede desarrollar. 

Leo Racauchi: de la manera en que está organizado en la Argentina el fondo de fomento cinematográfico entiendo que está más dirigido a la cantidad que a la calidad. Se persigue desarrollar la industria a través de la cantidad pero entonces se produce un conflicto entre la cantidad de material que se hace y la calidad de esas producciones.

Sebastián Bloj: ¿Cuántas películas argentinas se hacen ahora y cuántas se estrenan en el circuito comercial?

Leo Racauchi: La gran mayoría de alguna manera tienen salida. Quizás no todas tienen una salida importante pero hoy la mayoría de las películas tienen muchas pantallas para salir. Lo que pasa es que ese negocio también implica que las películas tienen que trabajar bien su primer semana de exhibición porque sino ya viene otra para reemplazarla. Hay que decir que han crecido más los estrenos de cine nacional que lo que históricamente se estrena de cine extranjero.

Sebastián Bloj: ¿Y el público viene creciendo también?

Leo Racauchi: Si, es maravilloso lo que viene pasando en cine en los últimos años.

Sebastián Bloj: es interesante que cuentes eso, porque siempre hubo un temor a la piratería pero la práctica demuestra que no, que los números indican otra cosa.

Leo Racauchi: la experiencia del cine es inigualable en comparación con lo que pueda vender un mantero en la calle. El cine en los ochenta pensaba que el video lo iba a matar, y hoy el video no existe y el cine está mejor. Lo que ha cambiado mucho es la forma de explotación. Hoy una película no dura mas de 3 o 4 semanas.

Aldo Fernández: así es, hoy el cine se piensa distinto. En lugar de estrenar una película y que se mantenga durante mucho tiempo y buscar con eso que vaya creciendo en cantidad de espectadores, las películas hoy tienen un lanzamiento mas importante, que abarca  mayor cantidad de pantallas y luego de vencida la semana se ve como le fue. La tecnología abarató mucho, porque al ser todo digital no necesitás las copias.

Sergio Vainman: Pero ha afectado al cine independiente. Que sufre por la mayor concentración…

Aldo Fernández: la concentración nace a partir de una política que resultó mal, en la cual pretendiendo seguir el modelo brasileño de inversión de los medios en producciones de tipo local, pero en la distribución no en la producción, las distribuidoras grandes le tomaron el material a las distribuidoras nacionales independientes y les sacaron el negocio.

Sebastián Bloj: el INCAA, de ser un organismo que solamente apoya al cine, en los últimos tiempos fue mirando al mundo audiovisual en su conjunto, sobre todo a las producciones televisivas. Sergio, vos que sos una persona que tiene vinculación y conoces la televisión desde adentro, ¿como ves este cambio?

Sergio Vainman: como todos nosotros el INCAA se tiene que adaptar a la nueva realidad. Y la realidad es que la tecnología avanzó de tal manera con la digitalización que si no se adecua va a perder su posibilidad de ser un actor protagónico en el tema. Lo que no sé es si está capacitado. Quizá tendría que tomar profesionales del área de TV que lo asesoren adecuadamente.

Leo Racauchi: a partir de la ley el INCAA tuvo que formar un Departamento de TV y al principio lo hizo con gente del cine y no fue todo lo bueno que tendría que ser. Pero me parece que ha ido mutando y está metiendo gente de TV en esa área, aunque no sé qué tal funciona hoy en día.

Jorge Marrale: para que la industria audiovisual pegue un salto y se transforme realmente en una industria el problema está en la distribución de pantallas. Porque tenemos buenos productores, actores, guionistas, y hay buenos recursos económicos asociados.

Sergio Vainman: a diferencia del cine, el tema de las pantallas es muy difícil en TV. En TV no existe producción a futuro, no se produce TV para ver qué pasa. Por definición la televisión es aquí y ahora; se trata de ver ya lo que pasa en otro lado. Entonces ésta cuestión efímera hace que no puedas proyectar una producción de TV aisladamente -salvo que tengas detrás una enorme producción industrial que te ampara, como el caso de EE.UU. que no tiene nada que ver con nosotros-, la TV se debe producir asociada a una programación. Además no se puede pensar sólo para consumo interno hoy en día. Sino se piensa como posible la emisión en el exterior termina siendo rengo el producto, porque los costos se terminan de redondear cuando se vende el producto afuera. No tenemos un mercado interno lo suficientemente fuerte para poder bancar producciones asociadas a una sola pantalla porque no hay una publicidad que lo sostenga. Entonces hay que pensar que el inversor debe tener un retorno cuando vende el producto al exterior como hacen los brasileros, los turcos o los ingleses. Hay que pensar en función del mundo, y para eso tenemos que mejorar estándares de producción y algunas cuestiones temáticas, pero creo que se puede hacer.

Sebastián Bloj: Jorge, las nuevas plataformas empiezan a tener un rol preponderante para el consumidor televisivo, ¿cómo crees que incidirá eso en el público?

Jorge Marrale: Yo creo que se amplía cada vez más el espectro de posibilidades para que el publico mire. Espacios a veces insospechados. Por ejemplo, empieza a haber un desarrollo en las webs, donde hay pequeñas estructuras de ficción de ocho minutos. Lo que aparece ahora son nuevos espacios no sólo de pantalla sino de creatividad. Los lenguajes están cambiando, el cine americano se esta ocupando de desarrollar tecnología al máximo para que el máximo de realidad mezclado con la fantasía impacte al espectador, a veces sin contenido narrativo importante. Parecería ser que el cine norteamericano -no todo- es un cine de efectos. Pero la TV norteamericana, que detecta que el público sigue queriendo historias, se mete en otra cosa y desarrolla con mucho ingenio, y con una inversión muy importante, un nuevo lenguaje de comunicación ficcional. Y yo creo que eso se va a tener que dar acá.

Sebastián Bloj: la TV le ganó al cine en cuanto a la búsqueda de audiencia.

Leo Racauchi:  hay una frase de George Lucas que dice que ahora se puede hacer tecnológicamente cualquier cosa, el problema es que no hay ideas. Por eso los norteamericanos son de mucha truca cinematográfica, pero las historias humanas más vibrantes están en las series. Y los actores quieren ahora trabajar en la TV -antes no querían- porque hay algo que se transmite de una manera muy atractiva. Empezamos a hacer buenas historias otra vez.

Sergio Vainman: hay más riesgo en el guión, en la dirección, en la actuación. Toman el riesgo que el cine no toma.

Jorge Marrale: otro fenómeno que a mí me parece todavía más influyente es que el espacio del autor, del creador de la historia ha quedado un poco supeditado a voluntades no tan cercanas al autor, y siempre que se entendió el negocio dejando de lado al autor, el negocio fue pésimo. Ahí están los resultados… 

El director es un autor en el cine –y en el esquema que tenía la anterior la anterior TV- porque se ocupaba de decidir con qué autor iba a trabajar. Las discusiones eran entre el director y el autor. Eran bravas, pero se llegaba a un acuerdo. Y nunca se hablaba de costo, se hablaba de calidad. Con el tiempo, en la TV abierta el espacio del autor fue a veces tomado por el productor. Si uno mira, hoy la preponderancia de pensamiento idea y creación del autor no siempre está permitida o desarrollada al máximo porque otros factores que empezaron a encorsetar el trabajo del autor que para mí es la base de la creación de la ficción.

Sergio Vainman: agradezco lo que dice Jorge porque es exactamente así. La primera TV era una especie de radioteatro filmado porque todavía se tomaba parte del lenguaje de la radio. Allí la palabra tenía un peso muy grande. En Argentina pasó a tener un lenguaje propio creado por distintos autores y directores: Alejandro Doria, Diana Álvarez, María Herminia Avellaneda, Roberto Denis,  podría nombrar un montón más. Cada uno tenía un sello propio pero el productor inteligentemente dejaba que la parte creativa estuviera en manos de aquellos que creaban, y él administraba la producción y daba las pautas que todos cumplían. El problema empieza cuando la producción invade un área que no le es propia. Estoy hablando de las majors en Argentina, donde entre una cuestión de vanidad personal, y el usufructo de la restricción de los derechos de los autores, -porque cuando a un autor se le quita espacio también se le quitan derechos, y cuando se le quitan derechos se le quita dinero- ha generado que hoy en día tengamos una TV de productor y no de autor. En las grandes series los productores son los autores, el autor se convierte en productor asociado, y a veces en ejecutivo. La producción habla directamente con el autor acerca de los cambios, el autor está puesto en el lugar que, entiendo yo, merece. No porque el productor no lo tenga. El productor lo que hace es administrar y delegar lo que tiene que delegar. Esa es su habilidad. Rodearse de aquellas personas que pueden servir mejor a sus intereses tanto artísticos como económicos.

Aldo Fernández: Con relación a lo que Jorge decía sobre la diferencia narrativa entre el cine y la TV, yo creo que tiene más que ver con quién es hoy el consumidor que va al cine, y quién es el que mira las series. El consumidor que va hoy a la sala de cine busca la espectacularidad de los efectos, y eso está directamente relacionado con el modelo de explotación que tiene el cine con todo el negocio de consumo asociado, mientras que el que quiere narrativa lo busca en otro lado. El cine en otro momento tenía mucha más narrativa y mucho mas diálogo y eso hoy no está allí sino en la TV o en cualquier otra pantalla donde se puede disfrutar de la misma manera. En cambio, la espectacularidad y el sonido de la pantalla grande y esos efectos son experiencias que solo la podés tener en el cine. En definitiva, los guionistas que antes hacían buenas narrativas para cine hoy lo hacen para televisión; la creatividad está, el tema es que el que quiere esas historias las está consumiendo en otro ámbito.

Sebastián Bloj: Leo, ¿cómo ves el negocio de la producción y la distribución de contenidos?

Leo Racauchi: las acciones de fomento público en los últimos años han sido muy beneficiosas para el sector. El desafío es como continúan y como hacemos para que el fomento sea una herramienta que ayude al desarrollo de la industria. No para que, como decía Sergio, las empresas sigan dependiendo solo del fomento. El desafío es asegurar la sustentabilidad. Y ahí yo creo que todas las entidades que tenemos que ver con el tema deberíamos hacer lobby con el tema de los impuestos a las comunicaciones.

Sebastián Bloj: ¿vos pensás que el resultado sería un nuevo marco legislativo?

Leo Racauchi: se necesita un cambio legislativo pero implica también una actitud de administrar ese cambio dándole participación a las empresas independientes y a otros actores sociales. Si hay producción, van a estar bien los guionistas, los productores, vamos a estar bien todos.

Sebastián Bloj: el Estado debe regular sobre la actividad real de las personas, no desde una torre de marfil. Tiene que escuchar a todos los sectores que participan en la elaboración de los proyectos porque si no, quien se queda afuera después lo bombardea o lo hace mal, o finalmente no hace nada. Ha habido reuniones en distintos ámbitos –en el poder legislativo, organizadas por los sindicatos, o por ARGENTORES donde se evidencia la necesidad de empezar a debatir con todos los eslabones de la cadena productiva del audiovisual. El tema es identificar bien cuáles son las cuestiones que hacen falta para acelerar el desarrollo.

Leo Racauchi: para poder hacer eso, es importante que primero nos sentemos a trabajar sobre los puntos que nos unen y no sobre los que nos separan. Lo digo porque solemos traer a colación temas que a lo mejor generan enfrentamiento entre los interlocutores, y finalmente no llegamos a nada.

Sebastián Bloj: ¿y a qué atribuyen el fenómeno del cine argentino de los últimos años? Los espectadores que van a ver cine argentino no van a ver efectos especiales sino que van a ver historias…

Leo Racauchi: la gente quiere ver historias con las que se identifica. Es mucho más fácil y agradable para el espectador sentirse parte. Me parece que en el cine nacional hubo una evolución tremenda, muy a favor del espectador.  Hoy en día se sienten más parte de la historia que están viendo.

Aldo Fernández: además el cine argentino ha tenido muchos reconocimientos internacionales. La industria cinematográfica argentina tiene una vitalidad que a lo mejor no es la que tenemos en la televisión.

Sergio Vainman: igual se hacen 150/130 películas por año y de esas sólo dos se podrían hacer sin subsidio. La industria del cine existe gracias al subsidio público.

Sebastián Bloj: desde mi punto de vista, una de las conclusiones es que la industria audiovisual requiere necesariamente de los subsidios estatales. Sean directos, como lo son, o indirectos. Así pasa en todos lados.

Jorge Marrale: es que dentro de este mundo, que a veces construye ejércitos de soledad, es muy importante la creación del audiovisual con identidad y con historia. Porque favorece los vínculos y la identidad. Lo que te pasa a vos me esta pasando a mí. El hecho artístico nos comunica y nos dice “ah, estamos en lo mismo”. Y yo creo que es una responsabilidad social y política que el audiovisual tenga el espacio de la comunicación que en algún momento supo tener el libro.

Sebastián Bloj: permítanme cambiar de tema: la mayor parte de los contenidos audiovisuales están dirigidos a internet. En Argentina Internet es un negocio de treinta mil millones de pesos por año, que se distribuyen entre las muy pocas empresas que son las que proveen la conectividad y los caños para bajar los contenidos protegidos que se bajan a través de sus señales. Treinta mil millones de los cuales productores, autores, actores, no ven ni una moneda. Entonces, la pregunta que nos hacemos siempre cuando nos reunimos es ¿cómo hacemos para que parte de ese lucro venga para los que regamos el arbolito y no recibimos ningún fruto todavía? ¿Ustedes tienen alguna propuesta concreta al respecto?

Sergio Vainman: en Argentores pensamos que no es una cuestión solamente de los autores, por eso nos encuadramos en una confederación donde están actores, directores, Sagai, Sadaic, los músicos y los compositores. Lo hacemos porque necesitamos un instrumento legal que nos permita ir a discutir con aquellos que manejan el enorme negocio de la distribución de contenidos de internet en Argentina.

Tenemos que juntarnos todos los que estamos en el proceso creativo y lograr que el Estado intervenga para regular una situación que no tiene marco legal. En principio necesitamos el reconocimiento del derecho, y a partir de su reconocimiento establecer un canon o una distribución para los autores, los actores y directores. Hay que encontrar la manera sin matar el negocio, porque nunca la intención de un creativo es matar el negocio porque se queda sin nada.

Leo Racauchi: coincidimos plenamente con lo que propone Sergio, aparte hay que pensar que cada vez va a haber más consumo desde las redes.

Sebastián Bloj: ¿ahora no tienen posibilidad de negociación con respecto a alguno de los tipos de explotación que se dan en la red?

Leo Racauchi: En principio no, quizá podés tener explotación a través del on-demand que puede ir a través de la red, pero son plataformas de otro tipo. Ahí tenemos otro tipo de problemas hoy, y el más notorio es NETFLIX que genera una competencia desleal y además ni siquiera tributan al país. NETFLIX no tributa nada.

Sebastián Bloj: no hay reglamentación para las señales internacionales que manejan la mayor parte del contenido de ficción que ve el consumidor hoy en la Argentina. Ellos no tienen cuotas de producción ni de pantallas y aunque tributan un impuesto sobre la publicidad, la emiten desde afuera con lo cual tampoco tributan, ni tributan sobre el abono porque supuestamente lo hace el cable operador.

Leo Racauchi: NETFLIX compra el derecho por territorios, por eso fíjate que la oferta es diferente de acuerdo al territorio. Acá en Argentina es pobre sobre todo en cine. Hay buenas series. Pero NETFLIX hoy también es productor de series, está produciendo 20/30 series por año. NETFLIX, es un modelo de negocio de abono. Lo que no hay son estrenos, porque las majors no quieren ir a ese modelo de abono, para los estrenos quieren cobrar aparte.

Aldo Fernández: hubo un cambio profundo en los modelos de negocio, lo que eran plataformas y señales se convirtieron en productores, porque entendieron que el rey es el contenido. Tienen que tener contenido propio porque en algún momento o por alguna razón van a necesitar productos propios y exclusivos.

Sebastián Bloj: Google lo está haciendo, está invirtiendo en estructura de tipo ISG, totalmente vertical, es decir que tienen muchas pantallas pero el trono sigue siendo uno.

Leo Racauchi: lo que tiene de fascinante este sistema es que vos tenés la posibilidad de trascender fronteras y hacer que los productos argentinos se vean en cualquier parte del mundo.

Sebastián Bloj: Leo, ¿ha habido cambios en la concesión, distribución y comercialización de las películas a través estos nuevos fenómenos?

Leo Racauchi: a partir de la digitalización cambió todo. Los avances fueron mucho más vertiginosos: el lanzamiento simultáneo con gran cantidad de copias, la eliminación de la copia física, la apertura a una cantidad mayor de pantallas para los estrenos. Creció muchísimo el exhibidor independiente del interior porque le resultó más fácil acceder al proyector digital, y a partir de eso pudo tener la película. Ahora los lanzamientos no se concentran en determinados lugares y son abiertos a todos.  El crecimiento en cantidad de espectadores que hubo en los últimos años tiene que ver con el crecimiento de los cines independientes, no de las cadenas. Estas mantuvieron su nivel de espectadores, pero el resto creció.

Sebastián Bloj: el libro no paga impuestos porque es un fomento a la cultura, el teatro no paga impuestos, los espectáculos deportivos no pagan impuestos, pero el negocio audiovisual paga todos los impuestos, y en algunos casos paga además el adicional del impuesto del Instituto.

Sergio Vainman: la actividad audiovisual es una actividad cultural que podría tener algún tipo de fomento, además es un trabajo de mano de obra intensiva. El mayor costo que tiene cualquier producción audiovisual es mano de obra, ya sea de actores, directores o de los técnicos. Es todo mano de obra que tributa impuestos, pero esos impuestos no son deducibles de IVA. Nuestro insumo paga impuesto al trabajo entonces debería haber algún sistema de compensación, como tiene el software, que es muy parecido desde ese punto de vista. Estamos hablando de poder tomar como crédito fiscal lo que pagás de impuestos al trabajo. Hay que decir que se dictó la ley de cine como industria pero no se reglamentó.

Sebastián Bloj: si pensamos en las etapas de producción y de distribución de pantallas, ¿donde creen que hace falta más regulación pública?

Jorge Marrale: Yo creo que en ambas…

Sergio Vainman: En los contenidos es imposible porque en definitiva dependen de la creatividad.

Aldo Fernández: pero también es verdad que hay que fomentar determinados tipos de productos. Tenemos que poder contar historias que sean fácilmente comprensibles y digeribles para todos, y que les interesen a todos.

Sebastián Bloj: ¿vos crees que eso se hace con intervención estatal?

Aldo Fernández: mirá, si vos haces un concurso, la orientación que le das al concurso es tu intervención. Más allá de que el jurado sea independiente el sesgo que le das a tu concurso contribuye a condicionar el contenido que vas a premiar y que vas a fomentar. No estoy hablando ni de censura ni de selección ideológica, estoy hablando de sentido común, de lo que significa esa intervención sana de alguien que conoce del medio y puede dar buenos consejos, en el mejor de los sentidos o buenas opiniones alrededor de la viabilidad de los productos. De direccionar la producción a cosas que realmente después tengan una salida interesante para el público nacional y para el publico extranjero, y no tengan que ir a morir a una videoteca que nadie va a ir a consultar jamás. 

Sebastián Bloj: las señales internacionales asociadas, saben qué es lo que quieren, porque de alguna manera actúan como reguladoras. No porque tengan la verdad revelada pero te fijan el estándar de producción.

Aldo Fernández: te dan un estándar de producción en cuanto a calidad, pero también te dicen, no vayan por ese lado porque por ese lado no se la puedo vender a nadie, no lo ve nadie. Traten de buscar una variante. Nadie puede tomar algo en este negocio como una verdad revelada, que por otra parte no existe, pero si hay aportes, orientaciones, aproximaciones. Entonces es a través del Estado o a través de la asociación con pantallas o señales internacionales, que uno se puede apoyar en las experiencias de otras partes del mundo en la generación de contenidos.

Jorge Marrale: para fortalecer la industria nacional deberíamos empezar a mirar cuales son los instrumentos que necesitamos. Para que esto se haga hay que promover estructuras desde lo reglamentario, desde lo jurídico, desde lo legislativo, en donde todos los que formamos parte de esta industria vayamos orientados a ese objetivo. Para nosotros la propiedad intelectual tiene valor en la medida en que haya trabajo. Entonces lo importante es la generación de trabajo. Vamos a tener un cambio de gobierno ahora, entonces tenemos que pensar este futuro inmediato con el que venga y ponernos firmes en el sostenimiento de esto. Hay que pensarlo como política de estado y de gobierno.

Sebastián Bloj:  hemos hablado poco sobre hacia donde va el consumidor en materia de TV…

Leo Racauchi: hablamos poco, porque las nuevas generaciones no consumen la TV de manera tradicional, sino a través de las tablet o a través de la computadora y del celular. Series para teléfono de dos minutos para ver en los momentos de espera, en el subte o el colectivo, en un break de trabajo, por ejemplo.

Jorge Marrale: los chicos más chicos ven dibujitos animados en la tablet. Mis hijos no miran televisión abierta y consumen mucho contenido audiovisual a través de la tablet. El consumo es de otra manera, en el momento que vos querés, la cantidad de capítulos que querés ver.

Sergio Vainman: y el contenido de ficción cada vez más se da a través de las plataformas de video on demand.

Leo Racauchi: eso tiene un montón de beneficios en cuanto a la distribución, porque lo abre y lo hace más democrático. El tema es como se monetiza, como se hace de eso un negocio, porque esas plataformas están acostumbradas a tomar contenidos sin pagar, es un negocio perfecto. Entonces, ¿cómo se regula esa situación?

Jorge Marrale: el Estado ahí tiene que tomar la rienda y regular para ver luego como volcar esos ingresos hacia el fomento de la actividad.

 

 

Sebastián Bloj: una última pregunta para vos, Sergio ¿cómo ves a las sociedades de gestión del sector audiovisual?

Sergio Vainman: las sociedades de gestión se enfrentan a muchos cambios y a realidades que varían permanentemente. La explosión de Internet hace que los creadores de obras originales tengan muy cortada la posibilidad de distribución y de derecho a remuneración sobre sus obras. Vivir de los derechos de autor es muy complicado, sobre todo en lo que viene. Vender un millón de discos hace veinte años significaba poder comprarse una casa, mientras que ahora tener un millón de visitas en internet sirve para comprarse una pizza. Esto que parece un chiste, es la realidad. El universo de internet atomiza a tal punto la presencia del autor, tanto de música como de ficción en contenidos audiovisuales, que licúa el derecho de autor. Hoy en día un informe de YouTube para música por ejemplo, en un trimestre da 13800 millones de visitas, que es un número que no podemos imaginar, Pero cuando vos dividís esa cantidad –si es que te paga YouTube- por la cantidad de visitas a tu tema, que fue visitado a lo mejor 50 millones de veces, a lo mejor cobrás 3000 dólares por esas 50 millones de visitas. Entonces hay que encontrar una manera de volcar sobre los creadores algo que los mantenga y los haga sobrevivir, sino van a desaparecer o se van a dedicar a otra cosa porque no vamos a poder vivir de nuestro derecho de autor. Esto es un tema que a las sociedades de gestión les preocupa mucho.

Sebastian Bloj: a lo largo de la conversación hemos recorrido conceptos muy importantes para el sector. Quiero agradecerles muchísimo por acompañarnos en esta primera experiencia de debate sobre la situación y los desafíos que enfrentan las políticas de desarrollo para el sector audiovisual.