Artes Visuales: Panoramas de la Gestión Porteña
Florencia Battiti
Coordinadora Artística del Parque
de la Memoria

María Pía Moreira

Gerente de Relaciones Institucionales
del Centro Cultural Borges
  Andrés Gribnicow
Director de la Oficina de
Gestión Cultural.

Moderadora: Lía Cristal
Consultora en gestión
y marketing cultural
Lía Cristal entrevista en el Centro Cultural Borges de Buenos Aires a tres gerentes que marcan tendencia con sus estilos de gestión

Lía: Esta mesa se va a focalizar en la gestión profesional de las Artes Visuales y el Patrimonio. Para comenzar me presento y cuento muy brevemente mi propia experiencia: Hace más de 20 años que me dedico a la gestión en la organización de eventos relacionados con las artes y el diseño. Me especializo en su producción intelectual y material, abarcando diferentes perfiles y características.  Colaboro con el Centro Cultural Borges donde soy responsable del área de Proyectos Especiales.  Desde éste lugar desarrollé puestas muy representativas como “Otra Mirada - Julio Le Parc -Homenaje a los maestros muralistas de Galerías Pacífico” (2010), las muestras “Objetos de mi Pasión, Prólogo” y “Objetos de mi Pasión, Realidad Transfigurada” (2009) con obras de la colección de arte contemporáneo de Esteban Tedesco con curaduría de Philippe Cyroulnik, entre otras. Asimismo trabajo para otras instituciones como por ejemplo, el desarrollo del proyecto de la artista Graciela Hasper para el espacio del Patio Bullrich en ArteBA 2013. Ahora vamos a la primera pregunta para mis colegas: ¿cómo llegó cada uno al lugar en que está hoy?"

Pía: Soy Licenciada en Ciencias Políticas y después de trabajar un tiempo en asesoramiento político, quise tener un trabajo fuera de la política y me metí en el área cultural con la cual, desde mi perspectiva, tiene varios aspectos en común. Empecé aquí,  en el Centro Cultural Borges y, desde un principio, el trabajo específico que hice me cautivó, colmó mis expectativas y definitivamente definió mi perfil laboral. La cultura hoy por hoy es uno de los grandes sectores de políticas públicas, y es ahí donde confluyen mi formación y mi interés profesional. Por ejemplo, se acaba de crear en Argentina el Ministerio de Cultura de la Nación, un logro en el que venimos trabajando hace mucho los que estamos en el sector. Cuando empecé aquí en 1996 pensé dónde podía estudiar, porque no existía todavía una formación profesional en gestión cultural en el país. Así que con una compañera del trabajo fuimos a Barcelona, que en ese momento era la meca de la gestión cultural, conocimos a todos los profesores que desde aquí leíamos, y tuve la suerte de conocer a mucha gente que estaba trabajando en el área; así empecé a trabajar en áreas que en aquel entonces no estaban desarrolladas, como por ejemplo el financiamiento cultural y la economía de la cultura. A la vez empecé a trabajar en distintas instancias de formación, que en ese momento  eran bastantes escasas. Desde el INAP (Instituto Nacional para la Administración Pública)  comenzamos a realizar capacitaciones en las provincias, cosa que hacía en paralelo a mi trabajo aquí, donde seguía trabajando en el área de relaciones institucionales. Poco después decidí hacer un nuevo viaje de estudios a NYU (New York University) para realizar un curso de Administración de las Artes, con una visión distinta a la que tuvimos acá y en Barcelona; fue una mirada diferente donde el énfasis estuvo puesto en los aspectos económicos y  financieros. Además, estar en NYC, me permitió ver de cerca toda esa movida cultural alucinante, y estudiar como se gestiona el tema cultural. Ya de regreso, en 2001 lanzamos el Posgrado de Gestión Cultural y Patrimonio en la Fundación Ortega y Gasset para Argentina del cual soy actualmente la coordinadora académica. Este programa me permitió seguir especializándome y analizando cuales son los nuevos rumbos que tiene la Gestión Cultural.

Lía: Es interesante el énfasis que vos le das a la formación profesional para la gestión.

Pía: Sí. La formación teórica en estas áreas es fundamental, pero tiene que ir acompañada  de una actividad práctica paralela; ya que una cosa se nutre de la otra, uno aprende en lo académico para poder volcarlo en la práctica y, a la vez, esa práctica realimenta el trabajo académico.

Florencia: Coincido. Mi formación es en historia del arte. Ya desde la secundaria tenía ganas de estudiar ese tema, así que me inscribí en la carrera de Historia del Arte de la UBA con la orientación de artes plásticas, y empecé a trabajar haciendo traducciones especializadas en artes plásticas para costearme los estudios, antes de recibirme de Licenciada. Trabajé  también en el Centro Cultural Borges, estuve en su inauguración y en los primeros años y ya en ese momento estuve involucrada en la programación pero desde el rol de producción, porque casi no se hablaba del término “curaduría” en esos tiempos (estamos hablando de mediados de los 90 en donde el término sólo existía en la bibliografía extranjera, ya que aquí hablábamos de  producción artística). Mientras estudiaba, me di cuenta que en algún momento iba a tener que inclinarme hacia la investigación, generando papers o, la otra posibilidad, era ir hacia un perfil más teórico-práctico que fue el que opté, quizás de modo no tan consciente, pero me di cuenta que me atraía mucho la producción, todo lo que tiene que ver con pensar un proyecto sea en forma independiente o en una institución; trabajar en equipo en ese proyecto, generarlo y llevarlo a cabo.  Sobre la gestión podemos hablar horas, pero siempre hay primero una idea, con un concepto; a partir de allí surge un proyecto de la índole que sea, de la dimensión que sea y de la complejidad que sea. Lo pensás, lo pergeñas, con un grupo de personas y vas pensando en cada etapa y en todo lo que necesitás para que se haga realidad, y llegue el día de cortar la cinta y brindar y después poder mantenerlo a lo largo del tiempo que dure. Eso es algo que a mí me gustó muy tempranamente y me sigue apasionando; y eso siempre se mezcló, por supuesto, con mi  formación que es teórica e histórica. Posteriormente hice un posgrado en gestión y comunicación en FLACSO (Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales) que me sirvió  para ajustar conceptos, porque cuando lo hice ya estaba inserta laboralmente. Lo que me dio el posgrado, por sobre todo, fueron contactos con gente clave. Esto es normal en este tipo de carreras, es un valor que no está en los programas de estudio, y en general nadie te va a decir que vas a acceder a contactos. Pero se generan proyectos, conocés gente, generás alianzas. Se propicia un ambiente donde se generan proyectos, así que también sirven para eso los posgrados en gestión ya que es algo que sucede naturalmente.

Lía: A partir de tus palabras, ¿pensás que hay una cierta crisis en el término “curador”?

Florencia: La curaduría también es una profesión bastante nueva; de hecho a mi no me gusta definirla como una profesión; en mis clases en la UMSA (Universidad del Museo Social Argentino) donde dicto seminarios sobre la curaduría y la historia del arte, yo la defino como una práctica, no como una profesión. En mi opinión la curaduría se puede transmitir hasta un punto. En realidad un curador no tiene por qué necesariamente ser historiador del arte. Cuando digo práctica me refiero a que es una actividad que no apunta a un saber y a un conocimiento cerrado, a generar lo que puede ser una tesis en una licenciatura, en un posgrado o doctorado, sino que es un rol muy dinámico, que está en permanente redefinición sobre sí mismo.  Me parece que el desafío curatorial es generar una buena muestra que funcione a nivel conceptual, pero que también funcione bien en el espacio.

Lía: Es muy importante la magia de la colgada, que la gente la recorra y le pasen cosas.

Florencia: Claro, que tenga sentido y que guarde una coherencia con lo que el curador está tratando de decir, ya que sin duda hay un discurso; sin duda curar es enunciar más que ejercer un discurso, pero no es un discurso como cuando uno escribe o redacta, sino que esa idea la tenés que llevar al espacio y eso es un desafío interesante. Para eso existe una profesión o una práctica que es la Museología o la Museografía, a cargo de la persona que diseña el montaje de la muestra, que  puede ser el propio curador o un profesional apto para eso, que los hay pocos pero muy buenos, acá en Buenos Aires. Y si vos trabajás con una persona que tiene un manejo del espacio más dinámico que vos, porque tiene conocimientos de arquitectura, o por lo que fuere eso se nota en el resultado de una muestra.

Andrés: Descubrí mi vocación y empecé a hacer gestión cultural antes de conocer la existencia de las carreras de Gestión o Administración Cultural. Ya en el centro de estudiantes del colegio, a los 15 años, organizaba actividades culturales y cuando hubo que decidir quién se quedaba con qué secretaría yo dije “quiero ser Secretario de Cultura”, cosa que nadie quería, ya que todos los alumnos querían dirigir las áreas de acción social o desarrollo institucional político, mientras que yo lo que quería era hacer murales, recitales de rock, exposiciones y jornadas creativas donde todo el colegio se llenaba con actividades culturales.

Después quise ser arquitecto. Haciendo un ejercicio sobre un anfiteatro en el Parque Los Andes de la Ciudad de Buenos Aires, tuve que investigar sobre las funciones que cumplía y sobre los servicios complementarios que tenía que tener para dar un buen servicio cultural, y ahí recordé eso que me había entusiasmado en el colegio secundario.  Así que largué arquitectura y me puse a trabajar de gestor cultural en distintos proyectos. Al poco tiempo estaba trabajando en el Centro Cultural Recoleta y ya tenía una cierta experiencia en organizar proyectos, pero no tenía una carrera formal. Viniendo de una familia de padres profesionales, abuelos médicos, tenía que tener una profesión. Encontré entonces una nueva carrera de grado en la Universidad de Tres de Febrero, la Licenciatura en Gestión del Arte y de la Cultura y me aboqué a hacerla. Participé de una primera camada con muchos aciertos y errores. Tenía materias de historia del arte, y estaba muy ligada a las artes visuales por el perfil de la gente que la había  armado. También tenía materias de administración de empresas, sociología de las organizaciones, marketing,  economía, matemáticas, y me dio un montón de herramientas que de alguna manera formaron mi  perfil de gestor cultural.

Florencia: Eso es fundamental. Desde la época en que hice mis estudios, el campo de la cultura se profesionalizó; el circuito de museos y de exposiciones a nivel mundial, y también local, se agrandó y se complejizó. Ya no es suficiente una formación “sui generis” como la que podían tener los gestores culturales de la generación de Jorge Romero Brest o Jorge Glusberg. En mi opinión, para el nuevo escenario cultural se requiere gente formada en administración, en marketing, y que sepa manejar presupuestos complejos.

Andrés: Profesionales que puedan hacer realidad los sueños que el artista proyecta. El gestor cultural puede ser un puente entre el artista, el creador y la institución. Antes había una tendencia a ubicar en la cabeza de las instituciones a artistas, grandes escritores, grandes músicos, que no tenían experiencias en la gestión cultural, ni tenían esa empatía con esta tarea; porque por supuesto, ahí podés tener una persona que es artista pero que le gusta la gestión, o podes tener otro que le huya a los expedientes y a  los papeles, y a toda reunión donde se habla de presupuesto. La idea es clara: no puede ser que un director de museo te diga que no quiere hablar del presupuesto.

Florencia: Así como no puede haber un gestor cultural que no pueda hablar ni manejar nociones de presupuestos o de economía, es también fundamental que tenga la suficiente sensibilidad, porque estás gestionando proyectos culturales.

Andrés: Exactamente. Cuando un contador que viene del mundo empresario asume la administración de un museo sin experiencia previa en el sector, puede hacer desastres. Es muy difícil explicarle a una persona que viene de otro ámbito cuales son las particularidades de la producción artística que puede implicar, por ejemplo, quemar un auto en el medio del campo para enunciar una obra que habla sobre un hecho histórico de violencia en Córdoba en los años 70.

Lía: Me das el pie justo para abordar el siguiente tema, pasemos a la experiencia diaria: ¿qué necesita un gestor para instalarse profesionalmente? ¿cuáles son las principales estrategias a poner en práctica?

Florencia: Yo no hago administración en el Parque de la Memoria. Nora Hochbaum es la directora general,  Andrés trabaja conmigo y yo soy la curadora: se trata de un equipo de trabajo. Los que hacemos la gestión primaria somos nosotros, el día a día lo llevamos Nora, Andrés y yo. Esto es importante porque no necesariamente ese perfil complejo que mencioné antes tiene que esta integrado por una sola persona. En la gestión puede haber un perfil de director o de gestor cultural, que maneje más sutilmente o con mayor facilidad determinadas cuestiones, y alguien que genere o traiga proyectos artísticos, que seleccione artistas, que tenga más la experiencia de armar una muestra o una exposición. Destaco la importancia del trabajo en equipo, porque las instituciones son complejas, y si hablamos de museos o de centros culturales, una sola persona que concentre todo es difícil de encontrar. Me parece que el trabajo en equipo es importante porque cada uno  hace su aporte, más allá de las jerarquías que está bien que existan, porque la horizontalidad genera más confusión.

Pía: El equipo es clave porque es un trabajo multidisciplinario donde convergen distintos saberes; en un museo uno se involucra con temas de distinta índole y especificidad: una cosa es poder trabajar en la muestra de un historietista tan importante como Liniers, y otra es hacer la muestra de Julio Le Parc en el mismo espacio, como pasa aquí en el Centro Borges. Cada una implica una administración específica, tramites, autorizaciones, logística, etc., y tiene su significación particular.

Florencia: Cada proyecto tiene su idiosincrasia y su singularidad. Por ejemplo, con Andrés trabajamos juntos cuando organizamos recitales o festivales de danza, o ciclos de cine, que son programas que exceden las artes visuales o la curaduría de la sala de las artes visuales, y en estos casos Andrés aporta valores y acciones que no son mi competencia o especialidad directa. En otros proyectos sucede al revés. Entonces este esquema de trabajo es muy útil: todo gestor necesitar trabajar en equipo ya que la profesionalización del campo deriva también en la especialización.

Pía: Tenemos que estar atentos a lo que sucede alrededor. Un gestor cultural tiene que estar con todas las luces prendidas para ver cuáles son los movimientos de la sociedad, tenemos que estar muy atentos a lo que está pasando, cuáles son los intereses del público, porque nosotros estamos abocados al artista pero también al público, ya que actuamos como mediadores entre ambos. El público es muy importante, porque sin público, no existimos. Además, es nuestra labor numero uno: acercar el arte al público, que se lo entienda, que se encarne. Y esta no es una tarea fácil, sobre todo en lo que respecta al arte contemporáneo. Pero es necesaria. Y es por eso que la mayor parte de nuestras instituciones tienen programas educativos  importantes, que  tratan de acercar al público desde la primera generación. El trabajo con los niños es básico, en todos los aspectos y en todas las disciplinas, para que vengan y conozcan las expresiones del arte, porque si lo empiezan a conocer, lo pueden querer y lo pueden entender.

Otra característica fundamental del gestor cultural es la flexibilidad, ya que los proyectos en que nos involucramos son tan distintos y diversos, y a la vez los recursos en ocasiones son tan pocos, que tenemos que desarrollar un estilo flexible de gestión, para llegar a producir el producto cultural que queremos ofrecer.

Lía: Abordemos ahora las particularidades y modelos de gestión en el sector publico y las fuentes de financiamiento.

Florencia: El trabajo en el sector público es muy distinto al de un proyecto independiente, en el cual vos como gestor estás involucrado incluso en juntar los fondos necesarios para que se concrete. En el sector público, en cambio, siempre existe un limite presupuestario para trabajar. Yo creo que aún así hay que derribar el mito que el sector privado tiene presupuestos ilimitados, porque no es así. Por supuesto que hay espacios donde los patrocinios son más fáciles de lograr, porque la visibilidad de la organización es mayor, digamos en museos como MALBA o PROA, que tienen menor dificultad en atraer patrocinadores o sponsors que otros espacios privados. De todas maneras, en el sector público podes hacer interesantes alianzas con el sector privado, aunque no siempre esas alianzas se traduzcan en dinero para un proyecto. Muchas veces se consiguen otras cosas, ayudas concretas que representan ahorros o facilidades operativas, como tramites diplomáticos con embajadas, pasajes y canjes.

Andrés: Hay que tener en cuenta que el presupuesto parece siempre poco, cuando tenés diez, querés doce; cuando tenés doce vas a querer quince y así podemos seguir. Esto es así porque nunca hay un techo para las actividades y los programas culturales. Las tecnologías cambian, se actualizan, si editás primero un catálogo después querés hacer uno más grande. Cuando trabajábamos en el Centro Cultural Recoleta yo ya decía que el punto no era que teníamos poco presupuesto, sino que el presupuesto es escaso por definición, y eso nos hacía generar una campaña permanente de búsqueda de fondos. Teníamos diez salas para exposiciones y queríamos una más.

Pía: Por eso las fuentes de financiamiento tienen que ser variadas. Tenemos que pensar en financiamiento sostenible que no se base solo en el erario público; pienso que es bueno tener un tercio de apoyo estatal a través de subsidios, otro tanto de apoyo específico de auspicios y otro tanto de ingresos directos. Debemos pensar como lograr generar y sostener esos ingresos, y lo tenemos que hacer tanto los gestores culturales como las propias instituciones. Hay un montón de cosas que podemos hacer, porque no siempre vamos a vivir de lo que nos da el Estado o lo que nos pueden dar los sponsors. Yo creo que hay una cuota que hace a la consistencia del proyecto que es lograr generar nuestros propios ingresos, aunque sepamos que nunca van a cubrir el 100%. El trabajo con el sector privado que implica articular un canal para dar a comunicar un mensaje de las empresas, del producto. Nosotros debemos saber como articular esos canales para las empresas para lograr sinergia y alcanzar objetivos en común.

Lía: Ser creativos en la en la gestión.

Andrés: Ahí está la creatividad, porque hay un arte en gestionar. Nosotros estamos muy cerca del arte, en mi caso, soy un artista, no frustrado, pero soy un pequeño artista, que como no voy a exhibir me dedico a gestionar a otros artistas, pero siempre me gustaron la música, la pintura y la fotografía. Los que estamos en la gestión, en un punto el arte nos picó en algún momento. Hay una sensibilidad con el arte, aunque hagas un dibujo, te guste ir al cine o filmar una película, creo que hay algo más sensible y creativo en este tipo de gestión que en otros ámbitos.

Florencia: Hoy por hoy, algo que cualquier gestor que se esté formando tiene que tener en cuenta, es el impacto de la tecnología y las redes sociales,  que realmente han explotado en nuestra profesión. Antes yo mandaba faxes! Hoy las redes sociales están incorporadas como herramientas básicas de difusión desde el minuto cero en que definimos un proyecto.

Pía: La estrategia de comunicación es muy importante para nuestros proyectos, porque generar proyectos para que nadie esté al tanto, ni venga a vernos, genera una frustración enorme. Entonces vos tenés que utilizar las redes sociales y más que nada cuando te estás dirigiendo a grupos etarios más jóvenes, que si no utilizamos las redes sociales no se enteran porque no leen diarios.

Andrés: Las redes sociales generan contactos y cercanía, pero también facilitan el trabajo en red, que es una herramienta muy valiosa para explotar desde la gestión, porque un museo, o un teatro o un centro cultural, no puede trabajar solo. El trabajo en red con instituciones locales o extranjeras permite crecer y comunicar mejor también.

Pía: Sí. Existen muchas redes de centros culturales latinoamericanos.

Florencia: Nuestra institución, el Parque de la Memoria, es parte de una red de afinidad a nivel institucional con instituciones hermanas que tienen misiones, objetivos y visiones similares a la nuestra. Eso nos permite estar globalmente comunicados.

Pía: No solamente para discutir cuestiones académicas, sino para hacer económicamente viables los proyectos, ya que no es lo mismo hacerlo vos solo que tener la posibilidad de afrontarlo y compartirlo entre 4 o 5  instituciones.

Lía: ¿Es necesaria la pasión en la gestión cultural?

Florencia: Lo que tiene la gestión cultural para mí, que quizás también lo tenga la lógica empresarial, es el compromiso emocional y profesional de sus equipos. Pía es así, Andrés es así y por suerte en mi equipo de trabajo hay gente así, que hace ese kilómetro extra que no tiene que ver con el salario que gana ni con el horario de trabajo, sino que es el plus de la pasión que le pone al proyecto porque le gusta. Hacés porque te encanta, porque te enamoraste del proyecto y lo querés ver reventar de gente durante todo el tiempo que  esté expuesto o funcionando en tu institución. En la gestión cultural también es fundamental la pasión.

Andrés: Vos podés tener una mentalidad de venir de 10 a 18 horas y hacer tu trabajo perfecto, pero después de las 18 apagás el celular y no te pueden ubicar. Eso en la gestión cultural no puede pasar…

Florencia: Te van a llamar un domingo, y vas a sentir que invaden un poquito tu vida, pero esto no quiere decir que no podés tener una familia, una pareja, o que no podés hacer tu hobby de jardinería, o cocinar o lo que fuere, pero sí te inunda un poco la vida cotidiana, eso  es una realidad. No conozco un buen gestor cultural, no conozco un buen curador o curadora, no conozco un buen director de institución cultural, que no tenga un poquito su vida invadida por lo que hace. Entonces me parece que es importante reconocer que hay una parte pasional, que no va a estar en los libros, que no va a estar en los masters, que no se transmite académicamente, pero que hace la diferencia entre un buen proyecto y uno mediocre. Esa pasión se percibe en una institución  que funciona en forma fluida, con onda, que brilla y a la que la gente le gusta ir y volver. Esa energía que no se puede nombrar, porque no se pone en libros y no se habla a  nivel teórico, es fundamental; nosotros nos entusiasmamos, se nos pasa la hora y seguimos hablando y tratando de resolver las cosas de la mejor manera.

Pía: Si no hubiera esta pasión, y el amor que se tiene a esa actividad cultural, sería imposible seguir adelante. Trabajo mucho en las provincias, y en lugares donde hay muy pocos recursos, y si no hubiera esa pasión que es como un motor y su carburante que hace que arranque y avance, no se podría lograr lo que se logra. Con pocos recursos, con pocas herramientas, pero con pasión y compromiso se alcanzan objetivos que a priori parecen imposibles. Y si a eso le sumamos la profesionalización, todo el proceso se facilita.

Florencia: También hacen falta instituciones que tienen recursos de sobra para trabajar y realizan proyectos de todo formato, como un MOMA por ejemplo. Obviamente que el amor al trabajo es maravilloso, y que si todo el mundo le pusiera el amor al trabajo, el mundo sería distinto. Pero estoy convencida que para lo que nosotros hacemos la pasión y el compromiso son inherentes al trabajo.

Lía: La gestión entonces suma conocimiento, saber administrar y comunicar, ser apasionado y comprometido, pero también saber interactuar en equipo, y no dejar de ver y entender estrategias de financiamiento y de relaciones con los públicos.

Andrés: Me permito agregar: planificar, prever las etapas que pueden pasar con un proyecto, ser organizado, poder delinear un plan de trabajo, poder construir un equipo,  tener empatía con los distintos  actores que están alrededor de un proyecto, construir redes, no quedarse solo, no aislarte como institución.

Lía: Andrés, quisiera  que nos cuentes de tus experiencias de gestión con el sector público a nivel municipal y con organizaciones privadas.

Andrés: Trabajé 8 años en el Centro Cultural Recoleta, luego en el Centro Metropolitano de Diseño y en el Museo Fortabat. Estaba acostumbrado a la idea  que mi trabajo incluía tener un lugar físico, un horario (más allá que nunca fue tan así)  y un empleador. Pero luego descubrí la posibilidad de trabajar por mi cuenta para distintas instituciones, asesorando y gestionando proyectos de otros por encargo.

Lía: Vi trabajos de esculturas en el Tigre bajo tu gestión, ¿quiénes son tus comitentes, para quienes podes trabajar como gestor independiente? Te lo consulto para orientar a los nuevos gestores que van a tener que vincularse y comunicarse con gobiernos municipales.

Andrés: Trabajo para las áreas de cultura de distintos municipios, como Tigre, Vicente López o el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, y para instituciones que están adentro de esos gobiernos como el Parque de la Memoria o el Centro Metropolitano de Diseño. También  asesoro y gestiono proyectos para algunas fundaciones que les importa la cultura como la Fundación Fortabat, que tiene su propio Museo, o la Fundación YPF, que es la empresa numero 1 de Argentina y tiene una fundación cuyo objetivo es vincularse con su comunidad.

Florencia: Esos son los interlocutores del gestor cultural en las artes visuales: el sector público, desde un gobernador de una provincia, un político o un intendente, y también las empresas y los empresarios.

Pía: Cada uno de esos interlocutores amerita un tipo de dialogo distinto, un discurso específico, ya que no es el mismo lenguaje el necesario para hablar con el intendente que con un director de marketing de una empresa.

Andrés: También trabajé mucho para Citroën, que era sponsor de los Festivales del Gobierno de la Ciudad. La empresa daba financiamiento, pero además tenía la posibilidad de organizar actividades culturales en sus concesionarios, dirigidas a sus clientes, en vinculación con el festival que estábamos organizando. Cuando organizamos el Festival de Tango, armamos milongas en todos los concesionarios de Citroën y a mi me tocaba interactuar con el área de marketing de la empresa y conciliar con ellos la forma de quitar los autos del concesionario para la milonga. Y salió todo muy bien, pero fue necesario mucho trabajo previo para convencerlos.

Florencia: Es un desafío traducir lo que para uno es obvio, el valor de un proyecto cultural, a alguien ajeno a nuestro medio en la búsqueda de objetivos en común.

Andrés: La gente a veces no se imagina que hay una gestión detrás de lo que ve. Por ejemplo en esta sala donde estamos: está todo colgado  y no resulta evidente que hubo 20 personas trabajando durante muchos meses para que esto esté así, y que sigue trabajando todos los días para que siga así. Todo eso es un equipo. La gestión cultural es la cocina del proyecto.

Lía: Cuenten por favor, Florencia y Andrés, otro ejemplo de gestión municipal muy interesante, que fue la muestra del artista Bill Viola que armaron en el Parque de la Memoria.

Florencia: Bill Viola es un artista de culto para cualquier historiador del arte o  cualquier persona ligada al video y la imagen, pero no para el gran público, así que nos propusimos lograr que fuera un éxito de público.

Lía: ¿Como lograron el financiamiento?

Andrés: Hicimos un acuerdo con el Ministerio de Cultura de la Ciudad y fue un caso modelo y un ejemplo de lo que puede hacer un gobierno; porque a veces vos estás en el mismo gobierno, pero cada ministerio hace su vida y su actividad cotidiana y no interactúa con el de al lado. Pero este caso no fue así, hicimos un acuerdo con el Ministerio de Cultura y en concreto cada uno puso la mitad del presupuesto.

Florencia: Además hicimos alianzas con empresas privadas. Esto fue fundamental porque cada instalación de Viola necesitaba un ámbito cerrado que era costoso.

Lía: ¿Y respecto a la cantidad de público?

Florencia: ¡Muchísimo público! Días de semana y fines de semana casi sin parar.

Andrés: Fue una oportunidad para ver un artista internacional consagrado que se presenta en las bienales, que fue uno de los padres del video arte y además interesaba a distintos públicos, tanto del mundo de las artes visuales como del cine. Es un buen ejemplo de gestión en equipo, en red, con financiamiento mixto y creatividad.

Pía: Insisto en lo fundamental que es el tema del público, es necesario que trabajemos sobre esa cuestión. Es una gestión en si misma.

Florencia: Cuando programás en una institución te das cuenta, a partir de la experiencia, que determinado proyecto o exposición apunta más o menos a determinado público, nunca es tan exacto, pero vos en la grilla del año, en tu programación anual, tenés en cuenta esas cosas, pensás: “voy a apuntar a determinado público”.

Pía: Además tenemos que ver a quienes tenemos de vecinos, sobre todo en una ciudad con tanta oferta cultural como Buenos Aires. Es importante pensar y trabajar con quienes tenemos cerca.

Andrés: Se trata de  trabajar con el público que viene y también con el que no viene. Nosotros en el Parque de la Memoria nos ponemos contentos cuando la gente dice “nunca había venido”. En otro momento uno podría pensar que eso es un comentario negativo, pero en realidad es el comienzo del vínculo.

Lía: Otro ejemplo, en este caso de Pía, ¿podrías contarnos sobre la Bienal Bridgestone?

Pía: Estamos trabajando con la empresa Bridgestone desde el año 2000. Se trata de un concurso de varias disciplinas lo cual nos permite  el desafío de acercarnos a disciplinas poco usuales para la institución, como por ejemplo el diseño industrial. Se trata de una propuesta de creatividad y sustentabilidad de productos, tanto en fotografía, como diseño industrial y los videojuegos, que son un campo increíble de desarrollo y producción para los jóvenes.

Lía: Por esto es que me interesaba mencionar tanto a la muestra de Bill Viola como a la Bienal Bridgestone. Son dos ejemplos que salen de lo usual.

Pía: Con Bridgestone, cubrimos también hasta diseño de indumentaria, con un  nivel de exigencia bastante elevada. El formato de concursos genera muchos interesados; conocés gente y te conocen, descubrís artistas. Los concursos son geniales.

Andrés: Los concursos son semilleros de proyectos que, aunque no se ganen, permiten que los artistas y a los diseñadores les quede armado el proyecto para otra oportunidad.

Pía: Los concursos también dan la posibilidad a gente que no tiene lugar donde exponer o mostrar  sus creaciones. Pero lamentablemente este año no lo pudimos hacer por la crisis local de la industria automotriz.

Lía: Andrés, contanos otro de tus proyectos a nivel municipal.

Andrés: Armamos un proyecto de gestión Site Specific, es decir una plataforma para poner en práctica un proyecto pensado para un lugar en particular a cargo de un artista, un diseñador o un creador de disciplinas variadas; el proyecto puede involucrar también a arquitectos. En este caso el trabajo se articula entre un sociólogo y un artista, puede ser incluso un colectivo de artistas, que tiene que pensar un proyecto de intervención urbana para un espacio puntual. Se eligieron cinco espacios de la Ciudad de Buenos Aires, el concurso se llama “Buenos Aires Sitio Específico”, y se destinan $250.000 para la realización de cada proyecto. Creemos que es uno de los premios más importantes en términos económicos y de desarrollo proyectual. Se trata de  intervenir cinco espacios de Buenos Aires previamente definidos, así que los participantes tienen que pensar un proyecto para el lugar que les guste. Luego un jurado decide a los ganadores y se implementa la instalación.  

Lía: Son ejemplos de cómo se combina la administración de la cultura y la creatividad; esto es importante para los nuevos gestores, para comprender que es posible desarrollar situaciones creativas atractivas, con respecto a la forma de participar, de exponer y de reinterpretar los espacios. Y, por supuesto, sobre el financiamiento.

Florencia: Sin duda gestionar arte hoy en día, sea arte contemporáneo o en general, implica entenderlo dentro de lo que es la industria cultural, incluso dentro de lo que es un entretenimiento, un espacio de ocio, creativo, pero de ocio en sí. Pero dentro de ese marco hay situaciones en que es clave tener cierto cuidado, para no banalizar.  Ya es todo un desafío lograr el acceso de la mayor cantidad de público posible, pero es necesario hacerlo sin banalizar la actividad;  sin pisarla como un puré para dárselo a la gente en la boca y que casi no lo tenga que masticar. A mí esta discusión me resulta clave porque si el público va a pretender abordar un proyecto artístico de la misma forma en que hace zapping en su casa, en elprime time, rapidito, entonces el vinculo que se genera no es sólido. Creo que un gestor que lleve adelante proyectos culturales, no importa el perfil que tenga, tiene que tener en cuenta que tiene entre manos un proyecto artístico, más allá que involucre entretenimiento y espectáculo. Involucra fundamentalmente conceptos, sensibilidad y tiempo. El tema del tiempo es clave porque el arte contemporáneo nos insume tiempo. No vamos a entrar a una muestra de arte contemporáneo como vemos la tele; no es lo mismo.  No se manejan los mismos conceptos, ni la misma percepción, ni la misma sensibilidad, ni los mismos códigos, nada es igual y para poder llevarnos algo de esa experiencia estética, necesitamos poner un poquito de nuestra parte; necesitamos poner a funcionar la cabeza y la propia percepción y sensibilidad. Intento decir que desde nuestro rol de gestores no hagamos todo en pos de llegar a un público masivo, porque cuando ese es el objetivo principal, a veces las cosas se trituran demasiado.

Pía: El gestor cultural debe tener un respeto a la obra y respeto al público. Lo que hablamos de formación de público es dar herramientas a las personas que no las tienen, hay que dar solo la herramienta.

Lía: Es la magia o la poesía de lo que sucede cuando se produce el verdadero encuentro con el público…

Florencia: Sí, la poesía. Hay una cuota del proyecto artístico que es intraducible, y está muy bien que sea así porque si todo se traduce, si todo se puede explicar, si todo te lo puedo dar como papilla en la boca para que vos no hagas nada, ni el más mínimo esfuerzo, entonces no estoy cumpliendo ni estás cumpliendo con la función de interpelación de la sensibilidad, de la percepción y del intelecto que es intrínseca del arte.

Andrés: No quiero dejar de mencionar que, además, la cultura genera una industria y un movimiento económico que es muy importante: se produce, se fabrica, se trabaja. El producto bruto de la creatividad, de las industrias creativas es muy importante en muchas ciudades (en Buenos Aires es casi el 10% del PBI). Entonces que se le de importancia a la cultura impacta en toda la  economía de una ciudad, o incluso de un país. El objetivo es obviamente ofrecer las expresiones de la cultura, dar un beneficio y a la vez un derecho (la UNESCO determinó el derecho de los ciudadanos a la cultura). Entonces se forma, se educa, pero también se genera movimiento y valor económico, valor agregado, valor exportable. Esto también hay que cuidarlo.

Florencia: El valor simbólico de todo hecho cultural es lo que nos define, define al producto cultural, que aparte tiene un valor económico.

Andrés: Volviendo a la cuestión de la banalidad, no solamente es necesario que no sea banal la forma en que se transmite, sino que se debe comprender que la gestión cultural es una herramienta de desarrollo económico y social. No es lo mismo una ciudad que tenga proyección cultural que otra que no la tenga. Yo viajo realizando proyectos para la Fundación YPF a ciudades del sur de la Patagonia, a pueblos petroleros olvidados durante años, que no tienen infraestructura cultural, pero que cuando llega un proyecto de la Fundación, sea circo, teatro, danza, o incluso artistas que pintan en vivo, la gente lo valora enormemente.

Pía: Por suerte durante estos últimos años se han creado infraestructuras culturales  muy importantes en muchas provincias, lo que le da acceso a los ciudadanos a poder ver producciones de primer nivel. Por ejemplo, antes no había prácticamente salas donde colgar una muestra y en los últimos años se han hecho inversiones en casi todas las provincias.

Andrés: Sí, tenemos una red de museos de primera línea en el interior del país, incluso algunos son mejores que los que tenemos en la ciudad de Buenos Ares. También hay una red cultural para que los gestores culturales que se reciben, se puedan insertar en la gestión de estas instituciones.  Es decir no todo pasa por Buenos Aires.

Lía: Como cierre de este encuentro volvamos, justamente, a la formación, ¿qué consejos le darían a los futuros gestores que están recibiendo formación académica actualmente?  

Florencia: A mi me parece que hay otras actividades donde podés mantener mayor distancia con tu trabajo y ser un exitoso profesional, y que todo salga bien y fluya. En la gestión cultural me parece que además hay un involucramiento de la sensibilidad que involucra lo subjetivo. Sos vos como persona, con todos tus valores, con tu personalidad, con lo que te gusta hacer y eso hace que estés más comprometido, íntegramente. Y eso debe definir la manera de gestionar.

Pía: Nosotros somos como sociedad lo que culturalmente hacemos, por eso es que la gestión se debe tomar con ese respeto. Desde esa perspectiva el área cultural es muy interesante para trabajar, por supuesto que tiene sus bemoles, pero la profesionalización nos ayuda a ordenar el camino. Pero no  podemos ser buenos gestores culturales sino tenemos el amor y la pasión por lo que hacemos. También debemos desarrollar las relaciones públicas ya que la sociabilidad es fundamental  para un gestor cultural, así como la capacidad para generar una red de contactos.

Andrés: Sugiero no perder nunca la imaginación para hacer proyectos, para solucionar problemas y para proyectar futuros posibles. Tampoco el gestor cultural se puede ahogar en un vaso de agua; si se ahoga sistemáticamente en un vaso de agua, entonces su perfil profesional no se corresponde con el perfil del gestor cultural.

Lía: Muchas gracias a los tres!