El debate sobre las políticas culturales públicas y privadas
Héctor Schargorodsky
Editor Responsable ACC

En todos los ámbitos de la actividad humana reflexionar sobre lo hecho y sobre lo que se quiere hacer nos permite comprender mejor el lugar donde estamos y, en consecuencia, planificar las acciones que tendremos que realizar para alcanzar los objetivos que nos proponemos. Esta es la premisa que guió la convocatoria hecha por la Revista ACC Administración Cultura Creatividad a un grupo de referentes en el campo de las artes escénicas, las artes visuales, el cine y la televisión, para que debatieran sobre las políticas culturales públicas y privadas en Argentina.

Intercambiar ideas sobre el sentido de las decisiones que se toman y sobre la forma en que se ejerce el poder debería ser un ejercicio indispensable y permanente, tanto desde la actitud individual del gestor cultural en su respectiva organización, como desde una perspectiva social más amplia que permita la puesta en común de ideas y proyectos. Imaginar escenarios futuros de manera colectiva, sabemos, es un primer paso para convertirlos en realidad.

En ese sentido, mientras que para desarrollar una reflexión personal el espíritu abierto y emprendedor, los conocimientos y la formación de cada persona son suficientes, los debates sobre las políticas para los distintos subsectores que componen el campo cultural necesitan además de una cierta organización, ámbitos de encuentro adecuados y reglas claras para participar en ellos. Así pasa en el sector mercantil de la cultura donde las asociaciones empresariales, profesionales y sindicales realizan con mayor o menor frecuencia encuentros, foros o asambleas para tratar sus respectivas problemáticas. En el sector público argentino los debates sobre las políticas culturales públicas de los últimos años transcurrieron con altibajos, componiendo un panorama en el cual se destacaron los Congresos Nacionales de Cultura del que se han realizado cinco ediciones desde 2006, y los distintos Encuentros sobre gestión cultural organizados por provincias y municipios.

Más allá de los esfuerzos realizados, es posible apreciar la dificultad para construir espacios institucionalizados que contribuyan a generar políticas para el sector a partir del desarrollo de sinergias entre lo público y lo privado. Si bien ha habido iniciativas puntuales, la falta de continuidad y –desde nuestro punto de vista- una resistencia por parte de los distintos actores para asumir y enfrentar situaciones de discusión o disenso, han impedido arribar a síntesis superadoras que permitan al sector cultural poner todo su potencial al servicio del conjunto social.

Lo expuesto remarca la necesidad de facilitar la realización de encuentros entre responsables del sector público y el sector privado. En pos de ese objetivo, en este tercer número dedicado a las políticas sectoriales para la cultura, hemos convocado a personalidades con prestigio y amplia trayectoria de gestión para intercambiar ideas a partir de un conjunto de premisas básicas.  Queremos así realizar un aporte que, aunque puntual, sirva como disparador de ideas y proyectos; contribuya a movilizar a los diferentes actores institucionales y, además, instale la temática en los lectores de nuestra revista.

Al analizar lo expuesto en las mesas de debate, aparece con claridad el rol determinante que cumple el Estado en el funcionamiento de todos y cada uno de los subsectores que componen el campo cultural. De ahí la necesidad de contar con definiciones explícitas y con planes de desarrollo –es decir políticas activas- que involucren a todos los actores relevantes, incluyendo en ellos, por supuesto, a las universidades. Como en otros sectores productivos, para el sector comercial de la cultura la consolidación del trípode virtuoso Estado-universidad-empresa es una de las claves del éxito.

La innovación, factor diferencial clave, fue también abordada a partir del dominio de los cambios tecnológicos y de la formación y capacitación de las personas que trabajan en el campo cultural. Finalmente, se habló sobre los modelos de negocio, actuales y futuros, que hacen a la sustentabilidad económica y social de cada subsector. Cabe señalar que, de manera voluntaria, hemos dejado fuera de los puntos que guiaron los debates aquellos aspectos referidos a la dimensión no comercial del campo cultural, cuyo desarrollo e importancia no es en modo alguno menor y que, por otra parte, ameritan políticas y acciones particularmente dirigidas. En los siguientes números de la revista –o en otras instancias de encuentro- vamos a considerar las problemáticas de esa dimensión, así como procuraremos volver sobre los temas expuestos para ampliarlos y profundizarlos.

Para cerrar este editorial, quiero agradecer especialmente a las instituciones que colaboran en el armado del guión visual de este número, ya que consideramos que la inclusión de obras de arte realza la imagen de la revista, y es un instrumento más que contribuye a la difusión nacional e internacional de los artistas argentinos. Por último les recuerdo que nuestro próximo número aparecerá en el mes de octubre y estará dedicado al tema de derechos intelectuales. Esperamos desde ya sus colaboraciones a través de la Pregunta Internacional o de artículos específicos.