La Gestión y la Tecnología
Héctor Schargorodsky
Editor Responsable ACC

Quienes hemos nacido a mediados del siglo pasado asistimos a la revolución tecnológica que asoció la informática a las telecomunicaciones desde sus inicios. Vimos nacer las computadoras personales, los teléfonos celulares e internet, y fuimos testigos de un proceso de transformación fenomenal como no había sucedido nunca antes. Casi cada día nos sorprendimos  (y nos seguimos sorprendiendo) con la aparición de nuevos productos y servicios. Estamos, ahora, en un mundo donde conviven nativos y migrantes digitales aunque algunos, entre los que me incluyo, nos sintamos a veces náufragos en nuestro esfuerzo de adaptación.  En cualquier caso, nuestra vida diaria ya casi no se puede concebir sin la utilización de estas tecnologías.

Prácticamente todos los sectores de actividad humana fueron transformados por la revolución tecnológica. En el sector cultural en particular: la provisión de bienes y servicios nacidos a partir de ella; la aparición de nuevos modelos de  negocio que han extendido hasta lugares antes insospechados los límites del sector, y la consecuente valorización del capital cultural de las personas, evidencian la contribución de la tecnología al uso de la cultura como recurso. También ha fortalecido la dimensión no comercial del sector cultural al facilitar, entre otras posibilidades, contactos y encuentros, tanto virtuales como reales, que anteriormente eran muy difíciles de lograr por problemas de costos, de tiempo o de distancia. 

El uso de tecnologías informáticas y de comunicación por parte de los gestores culturales proporciona distintos tipos de ventajas, lo que ha hecho que su incorporación aumente aceleradamente. Sin embargo, no todas son buenas noticias: aunque el proceso es imparable, algunas de las transformaciones que provoca no están exentas de paradojas, dilemas y controversias. Por ejemplo, no todas las personas tienen las mismas posibilidades de acceso a la tecnología, y tampoco las externalidades que ésta produce son siempre positivas. Al mismo tiempo, el número de países y empresas capaces de concebir y hacer llegar al mercado productos que incorporan los últimos avances tecnológicos es muy pequeño, lo cual produce fenómenos de concentración y, también, de dependencia por parte de los usuarios. Por otra parte, la tecnología suele ser cara y no siempre resulta evidente cuánto es lo que conviene invertir para obtener rendimientos positivos.

Desde la perspectiva de los públicos y otros destinatarios de productos culturales, la experiencia estética y emocional que produce el contacto directo con la obra artística de cualquier género, cambia y se transforma en otro tipo de percepción cuando está mediatizada por la tecnología. Aunque la obra se vuelve accesible para una mayor cantidad de personas (a veces mucho mayor), produce otra clase de experiencia cuya valoración debe ser analizada en cada caso. Desde un extremo negativo, una mediatización no cuidada o mal dirigida, sin objetivos claros, puede crear una brecha cultural entre quienes tienen la posibilidad del acceso directo y quienes solo pueden hacerlo a  través de la tecnología. El “verlo por TV” es un ejemplo evidente, pero no el único. Desde una mirada positiva, contar con la tecnología adecuada puede permitir un disfrute equivalente o complementario de la experiencia directa a un gran número de personas, muchas de las cuales sin esta posibilidad no tendrían siquiera acceso a la obra.

Estas son algunas de las cuestiones centrales que, desde distintas perspectivas de abordaje, y gracias a la colaboración de los articulistas, hemos querido plantear en esta nueva entrega de ACC Administración Cultura Creatividad, la revista digital pensada para los gestores culturales de habla castellana. Esperamos que su contenido les sea de interés y motive a nuestros lectores.

En el próximo número el tema central serán las políticas culturales públicas, y la cuarta entrega, que llegará a ustedes a principios del próximo año, abordará la cuestión de los marcos legales y contractuales en el sector cultural. Allí se analizarán los desafíos actuales y futuros que enfrentan las artes escénicas, el patrimonio cultural, las artes visuales, el cine y la televisión en ese aspecto.

Quiero cerrar este editorial agradeciendo a nuestros lectores por los comentarios, críticas y sugerencias recibidas a partir de la publicación de nuestro primer número. Las respuestas superaron todas nuestras expectativas previas, ya que nos han contactado de casi todos los países de América Latina, y también de otros más lejanos. Este resultado nos impulsa más aún a renovar esfuerzos para mantener y poner a disposición de la academia y el mundo profesional este puente de comunicación.